Diario de León
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Tribuna | pedro villalar

I nternet, la gran red de comunicaciones que ha cambiado en unos pocos años el sistema global de la información y ha producido avances espectaculares en la integración de la sociedad del planeta, es un valor estratégico del progreso económico y cultural que debe ser preservado. Su gran virtud actual es la neutralidad absoluta, es decir, la indiferenciación de los contenidos y servicios en el tráfico que discurre por la gran malla. En definitiva, hoy rige el criterio de que un bit es siempre igual a otro bit. Este principio de equidad es fundamental para evitar que ciertos proveedores y usuarios poderosos canibalicen la Red y para impedir que factores socioeconómicos se conviertan en un nuevo factor de discriminación a escala mundial. La neutralidad de la red no se había puesto en duda hasta que el buscador Google y el operador Verizon han firmado un acuerdo ambiguo que otros muchos actores de la Red consideran inaceptable

Por una parte, piden que el regulador americano (FCC) legisle para asegurar la neutralidad, impidiendo a los operadores ralentizar el tráfico que no les interese. Pero, de otro lado, pretenden que se pueda dar preferencia a tráficos especiales al margen del Internet público y pretenden excluir del principio de neutralidad al Internet móvil, más competitivo, para que no se colapse su sistema limitado de frecuencias. Efectivamente, estas excepciones, que romperían el principio de neutralidad y que serían aprovechadas sobre todo por los gigantes de la red en perjuicio de todos los demás actores, son intolerables porque someterían a simples intereses mercantiles el desarrollo de un instrumento que da sentido al concepto de globalización y que ha de seguir siendo la gran herramienta de la integración global. De hecho, Google ya ha demostrado su avidez insaciable al suplantar a los medios de comunicación convencionales en sus llamados agregadores, que no son sino plagios masivos que rentabilizan el esfuerzo ajeno. La FCC y las instituciones que supervisan las telecomunicaciones deben, en fin, esforzarse por evitar toda regulación de Internet, es decir, por impedir que alguien imponga en beneficio propio sus propias reglas.

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