Diario de León
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Ni un paso en falso

Después de casi medio siglo de permanecer en libertad vigilada, debido a la lacra del terrorismo de ETA, los ciudadanos tenemos la percepción de que algo se está moviendo en el seno de la banda terrorista. Un movimiento que no es precisamente el de abandonar su actividad. Al contrario, están desarrollando la estrategia del disfraz para colarse en las instituciones. Tratan de colocarse la piel de cordero. Algo que les es imprescindible, entre otras cosas, para poder financiarse y continuar con su labor que consiste en generar terror, para conseguir sus fines. La democracia no debe caer en la trampa. Las víctimas del fanatismo terrorista etarra han alertado del engaño que están llevando a cabo los amigos y socios de las pistolas. Ni un paso más en falso, ni un paso atrás, es lo que se le viene reclamando al Gobierno de la nación. En el camino que hay que recorrer hasta derrotar al terrorismo no se encuentra mostrar generosidad hacia los asesinos. Para aliviar parcialmente su pena los terroristas tienen la obligación de demostrar claramente su arrepentimiento en los términos que deben definir las víctimas del terrorismo. No hacer partícipe a las víctimas es pisotear la memoria de todas aquellas que murieron en nombre de la libertad. El acercamiento de algunos presos de ETA tan sumamente sanguinarios, como la Tigresa, Idoya Lopez Riaño, es un error de bulto si no ha habido con anterioridad un dialogo y posterior acuerdo con los familiares de sus 23 víctimas. Algo que parece no haber ocurrido. Nos regimos en convivencia social y política por la Constitución a la que debemos respeto. Es la biblia civil. Los terroristas han atentado contra las personas, pero con sus atentados también han violentado a nuestra biblia que es el fin que persiguen, borrar lo que está escrito en las tablas de la ley, nuestra ley. Por ello también en su arrepentimiento debe haber un mecanismo de control para que muestren su respeto hacia las normas de convivencia que todos nos hemos dado después de permanecer cuarenta años anclados en un régimen trasnochado y de censura social y política.

Fernando Cuesta. VITORIA

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