Diario de León
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Crónicas bercianas | r. arias

El fuego que compartieron Barjas y Oencia este mes de agosto consumió mil hectáreas de monte. Hace casi dos semanas de aquello y el presunto autor está bajo tutela judicial. Pero en ese tiempo aún hemos tenido que sufrir a algún pirómano, casi tan peligroso, que anda suelto, sin bozal y que posee bastón de mando en la zona. Contra él, quizás, la fiscalía, la Guardia Civil o las propias administraciones central y autonómica deberían sopesar la adopción de medidas más contundentes.

Me refiero al alcalde de Barjas, el socialista Alfredo de Arriba, que ha soltado por la boca llamaradas incontroladas de porquería contra los investigadores de la Guardia Civil con una indisimulada predilección por la rectificación -”tras su confesión inicial-” del hombre al que apuntan todos los indicios como presunto incendiario. Tal vez así, el primer edil de Barjas trate de buscar una coartada pública que justifique que fue él quien eligió a ese individuo como pedáneo, tratando de ocultar desde el primer minuto de su detención tal hecho y condición.

Pero la actitud de este regidor es aún más bochornosa en un cargo público por cuanto podría coartar a partir de ahora el celo de cualquiera de los agentes que peinan durante horas y días los bosques del Bierzo en busca del rastro de los incendiarios. El subdelegado del Gobierno ha estado tibio a la hora de tirarle de las orejas, y la Junta de Castilla y León otro tanto.

Barjas posee en su término municipal, en Busmayor, uno de los hayedos más preciosos de España, considerado incluso como el más frondoso del occidente de Europa. Qué casualidad -”magnífica y toco madera-” que nunca haya ardido. En Barjas, como en Oencia, incluso como en Benuza, se queman casi siempre las mismas zonas. Año tras año, verano tras verano. No quisiera ser yo tan bocazas como don Alfredo. Pero en pueblines donde estos regidores saben casi con seguridad de CSI el signo político de cada papeleta que se introduce en las urnas en los comicios locales, me pregunto cómo no son capaces de averiguar o adivinar quién prende el monte. La Junta debería replantearse las repoblaciones a fondo perdido en estos municipios.

Como la nueva policía montada de Toral de Merayo debiera reflexionar sobre sus trabas al parque forestal del Pajariel. Veo ya pocas prisas en el alcalde de Ponferrada para afrontar un plan que presentó con muchos bríos y con una inversión de 7,5 millones de euros. El obstruccionismo, más o menos interesado de la nueva asociación vecinal, puede servir de estupenda coartada a Riesco para que el proyecto se convierta en humo. Pero tal vez el bocazas sea yo.

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