Diario de León
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El corro | pedro vicente

Con un Zapatero día a día más disperso y atribulado que cada vez mide peor sus presencias y ausencias, su lugarteniente José Blanco se está convirtiendo últimamente en el principal referente del Gobierno socialista. El número dos en el escalafón del PSOE viene ejerciendo de facto ese mismo rol en el Ejecutivo, donde la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, otrora mano derecha del presidente, parece desaparecida en combate. (Se cumple ese principio físico según el cual todo espacio vacío tiende a ser ocupado, lo mismo que sucede en la Junta entre la vicepresidente María Jesús Ruíz y el consejero de la Presidencia, José Antonio de Santiago-Juárez). El caso es que Blanco irrumpió en el Gobierno como un torbellino y como un torbellino sigue, marcando la pauta en todo tipo de asuntos, sean o no de su competencia ministerial. El año pasado se ocupó de lanzar el globosonda sobre la subida de impuestos que acabó incrementando el IVA, y este año ha vuelto a hacer lo propio, repartiéndose los papeles de poli bueno y poli malo con la vicepresidenta económica, Elena Salgado, otra que, más que desaparecida, en realidad no ha aparecido nunca como la principal responsable de la política económica y fiscal del gobierno.

Pero donde el ministro de Fomento disfruta como un niño es haciendo y deshaciendo el mecano de las obras que dependen de su departamento. En el brusco plan de ajuste del pasado mes de mayo a Blanco le tocó recortar 6.400 millones de euros en infraestructuras presupuestadas, en algunos casos incluso adjudicadas. Meses ha tardado en concretar dichos recortes y cuando lo ha hecho se ha sacado simultáneamente de la chistera un fondo de 500 millones (elevado después a 700) destinado a indultar parte de las obras previamente condenadas. El ejercicio de prestidigitación es de nota. Al final el ministro ha conseguido que se hable mas del diez por ciento de los recortes evitados que del noventa por ciento de los que no tienen vuelta de hoja, incorporando de paso a la perversión del lenguaje político esa insólita acepción de la palabra indulto. Por lo que parece Castilla y León no han salido muy bien paradas de esa distracción del titular de Fomento. Fue una de las comunidades autónomas más afectadas por el recorte primitivo y una de las menos beneficiadas por la posterior gracia decretada por el ministro Blanco. Y no ha sido peor gracias a que en el despliegue del AVE no somos destino final sino estación de paso hacia Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco. El caso de la línea Palencia-Santander es paradigmático: Se ha salvado exclusivamente por la presión del presidente de Cantabria, que no por la de Junta, que ni siquiera secundó la protesta encabezada por Miguel Ángel Revilla en Monzón de Campos. Mientras tanto, nadie osa poner plazos a la ejecución de las dos principales autovías que precisa esta comunidad, la del Duero y la León-Valladolid. Ni siquiera el secretario autonómico del PSOE y ahijado político de Blanco, Óscar López, quién durante su reciente tour ciclista ha descubierto que ambas autovías son de la máxima prioridad para vertebrar Castilla y León.

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