El mejor pregón
Fronterizos | miguel A. varela
Toño Tejerina ha sido el primer pregonero de Ciudad del Puente que, en la ya extensa historia de esta figura festiva, introducida a principios de la democracia municipal, ha improvisado su intervención, sin texto previo. No creo que fuera, como explicó con sorna el viernes desde el balcón de la Casa Consistorial, porque a diferencia del señor alcalde, que tenía atril, él no sabe leer. Toño Tejerina sabe leer muy bien, especialmente entre las líneas oblicuas del paisanaje berciano en el que se crió y de cuya aguda observación se puede aprender tanto como en cualquier biblioteca. También ha sido el que más autógrafos ha firmado y no creo que este dato se explique sólo por su popularidad televisiva, ya que Toño no es el primer pregonero precedido por esa fama catódica que él mismo se encargó de desmitificar: «Es incierta la teoría de que cuanto más sales en la tele mejor eres, porque según esto Belén Estaban curaría la ceguera», dijo. Toñín, que invitó a los discapacitados ponferradinos a la rebelión fiscal ante la inaccesibilidad del Ayuntamiento, hizo un pregón breve, afectivo, entretenido y cargado de contenido, a la vez que alejado de cualquier solemnidad: toda una lección para los habituales de este subgénero a medio camino entre lo festivo, lo literario y lo popular. Toñín mencionó a sus colegas del Morticia. También a ese puñado de amigotes que han hecho del Freakland uno de los atractivos alternativos al tradicionalismo de la Semana Santa. Y a los generosos vecinos de San Esteban de Valdueza, que han dado de beber vino y agua a Ponferrada y sus aledaños. Y explicó con ironía el drama de los jóvenes obligados a abandonar la ciudad para buscar otras posibilidades. Si es cierto que el sentido del humor está estrechamente vinculado con la inteligencia, Toño Tejerina debe ser muy inteligente. Quizá por eso, desde el viernes, se ha convertido en el mejor pregonero de las fiestas de la Encina.