Moviola minera
Canto rodado | ana gaitero
Los mineros, los sindicatos, han decidido abandonar las barricadas y el monte y hacer una moviola de la épica Marcha Negra que, en 1992, protagonizaron casi medio millar de trabajadores entre Villablino y Madrid. El cambio de estrategia es todo un gesto. Veremos si llegan a gesta. En tiempos de ¡sálvase quien pueda! los actos heroicos no abundan.
Los mineros, con su fama de duros y arrojados, son el último rescoldo de la lucha obrera. Y su fuego se apaga, porque el carbón quema, pero mancha. En estas dos décadas el monstruo minero fue menguado y acallado con un goteo de prejubilaciones que hoy escuece a toda la sociedad y serán un lastre para la Seguridad Social durante años. Las cuencas están despobladas.
Primaron las salidas individuales sobre la solución colectiva. La reindustrialización fue un espejismo, una merienda política y sindical que ha hurtado a la provincia un paso adelante en la transformación de su economía, todavía en ciernes.
La Marcha Negra II promete imágenes para la posteridad, más épica mediática, pero el carbón está sentenciado y su única salida es la captación de CO2 para evitar los efectos contaminantes de su combustión.
Ojalá los mineros consigan su objetivo. Harán un gran favor a sus empresas. Quizás se salven ellos. Pero no perdamos de vista lo esencial: la transformación del tejido productivo de León, como el del resto del país, es inevitable. Hay que mirar hacia la agroindustria, las nuevas tecnologías, el turismo de interior, la biotecnología y la industria farmacéutica y la logística.
León tiene filones en todos estos sectores y cuenta con una posición privilegiada para explotarlos: su ubicación geográfica que la sitúa como centro del noroeste peninsular. Afortundamente, este valor no se compra ni se vende en el mercado político.