Diario de León

La opinión del lector (1)

Gracias, amigo Antonio!

Publicado por
Julio de Prado Reyero. León
León

Creado:

Actualizado:

Con fecha 1 de septiembre del 2010 el señor obispo de León, monseñor Julián Martín a través de un comunicado daba a conocer a la diócesis «la sustitución a petición suya y por razones de salud, del ilustrísimo señor don Antonio Recio Díez, hasta ahora vicario general de la diócesis y moderador de la Curia Diocesana «Cargo que desempeñó con plena dedicación a partir del día 19 de mayo del 2003». Sin embargo esta noticia, a pesar de la importancia que tenía para la vida diocesana así como el nombramiento y toma de posesión de su sustituto el día 6 de este mes apenas tuvo eco en varios de los medios de comunicación social. Otro tanto había ocurrido también el día 10 de mayo pasado con motivo de su nombramiento de prelado de honor con titulo de monseñor con que le nombró el Papa Benedicto XVI. Con estos antecedentes y dado que Antonio y yo compartimos, entre otras cosas la paisanía de nuestra querida tierra del Alto Esla así como muchos años tareas conjuntas en el terreno pastoral de la Curia Diocesana, quiero en nombre propio y el de sus muchos amigos manifestarle públicamente nuestra gratitud por su plena y edificante dedicación al servicio eclesial de nuestra Diócesis. Antonio nació en Crémenes, patria chica también de nuestro inolvidable y querido don José «el canónigo» por no aportar otros seudónimos con que era cariñosamente conocido. Esto ocurría el día 16 de junio de 1949 realizando sus estudios eclesiásticos en los seminarios Menor de San Isidoro y el Mayor de San Froilán de León, siendo ordenado sacerdote por el entonces obispo de León monseñor Larrea, también insigne jurista el día 17 de junio de 1973 pasando inmediatamente a ser cura rural en Torrebarrio y otros pueblos de las montañas del Luna para trasladarse muy pronto a Roma donde realizó estudios de Derecho Canónico en la Universidad Pontificia Gregoriana donde obtuvo la licenciatura con brillantes calificaciones siguiendo los pasos de otros dos paisanos nuestros don Fernando Álvarez, de Remolina, luego vicario general y de don Argimiro Álvarez López, de Escaro, uno de los más brillantes alumnos de esta Universidad y gran teólogo y jurista y vicario capitular a la hora de la renuncia del doctor Almarcha.

Regresado Antonio a España fue nombrado profesor de Derecho Canónico en el Centro Superior de Estudios Eclesiásticos o Seminario Conciliar de León impartiendo la disciplina de su especialidad sin descuidar otras tareas que se le encomendaron como capellán de la Obra Hospitalaria de Nuestra Señora de Regla, que simultaneaba con las de párroco de Villaquilambre, vicesecretario del Obispado, secretario de visita y colaborador de algunas publicaciones diocesanas. A su llegada a León como obispo monseñor Fernando Sebastián le nombró secretario canciller, siendo miembro del Consejo Presbiteral o de Consultores. Monseñor Belda le confirma en el cargo y asimismo nombrados vicarios territoriales y creado su consejo le nombra secretario del mismo. A su llegada monseñor Vilaplana le releva de la secretaría, pero cuando determina celebrar Sínodo Diocesano le nombra secretario del mismo asumiendo tareas de coordinación desde la selección de material de estudio y trabajo así como en otras más visibles ya en pleno desarrollo a partir de los años 1993-95 hasta la aprobación oficial de sus constituciones el día 15 de septiembre de 1996 de la Virgen del Camino, palpándose su labor a la hora de la posterior publicación del libro del Sínodo en el año 1998. Debo resaltar como lo pude comprobar en una de mis estancias en la Obra Hospitalaria que él también participó en trabajos sinodales de base con equipos tanto allí como en su parroquia.

Antonio contribuyó a que se hiciera realidad lo que ordenaba el Nuevo Código de Derecho Canónico de 1983 en el canon 461 ordenando que cuanto antes y cuando las circunstancias lo permitiesen se celebrase en cada diócesis Sínodo Diocesano, advirtiéndonos en Nucio Inoccentti que «cualquier ley quedará frustrada si no se encarna en la realidad». El Sínodo también contribuyó no sólo a actualizar las leyes diocesanas sino a resumirlas por aquello del proverbio latino y jurídico: «Pésima es la sociedad en que es excesivo el número de leyes», que como reconocía Maquiavelo en sus pensamientos «las leyes no deben mirarse como cosa pasada sino para el futuro» como tampoco prescindir de ellas y en convertirse en ácratas como algunos se vieron tentados a hacerlo después de la celebración del Concilio Vaticano II sino que a la hora de acometer un Sínodo como ya lo advertía el humanista Luis Vives: «Las leyes deben de ser benignas para el débil, enérgicas para el fuerte e implacables para el contumaz». Por todo lo que tú has contribuido y seguirás aportando para el bien de la vida diocesana poniendo el Derecho al servicio de la persona y no convirtiendo a la persona en esclavo del Derecho. ¡Gracias, amigo Antonio!

tracking