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León

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Al trasluz | eduardo aguirre

E n términos gastronómicos, la venganza es un plato que se sirve frío. Tira más a gazpacho que a botillo, pero no es exclusiva de la dieta mediterránea. Se repite y deja mal aliento en el alma. Tampoco diremos que la inventó un político, aunque figura en cada programa. «No soy rencoroso, nada más vengarme se me olvida» es un aforismo universal. Si le quitas las venganzas a cualquier tomo de Historia te quedas con las tapas, y ni Shakespeare ni Lafuente Estefanía podrían haber escrito sus cosillas.

Forma parte del menú del día, sin embargo, no todas las cáscaras de plátano las dejó caer un enemigo, también se le caen a amigos y a parientes. Lo dicho viene a cuento de la paralización en esta capital de las obras de la oficina de turismo de la Junta de Castilla y León, ordenada por el Ayuntamiento, al carecer de licencia de apertura. ¿Vendetta por el caso del tranvía? Desde la institución municipal, se ha recalcado -”antes de que nadie les acuse-” de que no hay revanchismo alguno, sino cumplimiento de la legislación.

Dicen que el guiso ya se venía cocinando de antes, pero habrá quién crea que es sólo un aperitivo y que el plato frío sigue en la nevera, para cuando toque. Tendemos a interpretarlo todo en clave «La venganza de don Mendo». Nos tira el Medievo. «Para asaltar torreones, cuatro Quiñones son pocos, ¡hacen falta más Quiñones!», se declama en dicha obra teatral. Desde la delegación territorial se ha admitido que si Sotur no entregó el expediente como corresponde, entonces, el Ayuntamiento debe actuar en consecuencia. Si hay un pelo en la sopa, reclámese al dueño, sea cuál sea el restaurante.

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En la actualidad, don Mendo no ha de resolver lo suyo con aparatosa venganza sino con sosiego. Pero en León, aún hoy, para asaltar torreones, cuatro sosiegos son pocos.