Diario de León
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La gaveta | césar gavela

Una pequeña ciudad remota en el contexto europeo. Una ciudad de pizarra y lluvia, y de mineros al fondo, se e nfrentó a Florencia en la lejanísima tierra de M elbourne. Luchó contra la ciudad más bella del mundo, probablemente. Con el símbolo del Renacimiento. Con la patria de los mayores artistas. Ponferrada peleó contra la capital de Toscana después de haber derrotado antes nada menos que a Génova. Lo que prueba la consistencia del proyecto. Donde los italianos pusieron el río Arno, Ponferrada puso el Sil. Y el Boeza. Donde los temibles y sofisticados rivales recordaron el Ponte Vecchio, nosotros adujimos el puente de hierro. Donde ellos colocaron el Duomo de Bruneleschi, nosotros la pequeña cúpula pétrea de la Encina. Donde ellos apabullaron con el museo de los Ufizzi, nosotros ofrecimos el del Bierzo. Frente al palacio Pitti, nuestra Casa de los Escudos. Donde ellos exhibieron el histórico equipo de la Fiorentina, nosotros apelamos a la melancólica Ponferradina. Donde ellos la tumba de Miguel Ángel, nosotros la estatua del templario. Donde ellos la fascinante basílica de la Santa Cruz, nosotros el honesto templo de San Andrés. Donde Florencia puso el aeropuerto, nosotros nos hicimos fuertes con el castillo. Aunque sin aviones.

Ganaron ellos. Pero era evidente que tenían que ganar. Hubiera sido un auténtico aldabonazo en todo el continente ciclista, que una brumosa capital comarcal del noroeste de España dejara en la cuneta al esplendoroso y universal burgo de los Médicis. Ganaron ellos pero también nosotros un poco. Porque sólo el haber sido candidatos, apoyados por las instituciones españolas, ya es algo. Y acaso sea un primer paso para intentarlo en el futuro. Siempre que compitamos con Guimaraes o Perpiñán, pongamos.

Ponferrada busca nombre en Europa, y eso solo puede darlo un acontecimiento así. Desde luego, el mundial de ciclismo habría sido estupendo. Pero acaso se puedan intentar otras cosas. En el plano cultural, particularmente. Hay ciudades europeas del tamaño de Ponferrada que son muy conocidas por ello. Ciudades muy ri cas, desde luego. Como las suizas Lugano o Montreux, tan musicales ellas. O como Deauville o Pordenone.

¿Qué cabe hacer? Lo primero de todo, estar unidos. Instituciones, empresas, profesionales, ciudadanos, voluntarios, niños. Estar unidos y ofrecer algo que tenga gancho. Y aquí vuelvo a una vieja propuesta: ¿por qué no situar a la capital del Bierzo como la gran referencia del maquis español? La ciudad que podía guardar la documentación clave de aquel tiempo heroico y durísimo. La urbe que organizara de un modo serio y bien publicitado un encuentro anual sobre la materia. Ya que la épica del ciclismo nos ha sido esquiva, podíamos pensar en la épica del maquis. Y su lírica, que también la tuvo. Seguro que venían muchos especialistas extranjeros y nacionales. Y los principales medios de co municación del país informarían cumplidamente.

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