Diario de León
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En blanco | javier tomé

Puesto que los etarras no tienen quien les escriba, y haciendo alarde de una soberbia desfachatez, parecen haber cogido gusto al noble arte de echar mano al boli y al papel para contar al mundo su mórbida pasión por bajar la persiana al eterno conflicto creado por ellos mismos. Y no es que se trate de una cosa de poetas, sino más bien de propagar un reguero de vaguedades y contradicciones que resulta material de estudio para politólogos y otras gentes de idéntico calibre intelectual. Si hace unas semanas saltaba a la escena pública una escogida representación de semejante pandilla de iluminados, ataviados por cierto con unas capuchas de color naranja-fosforito que parecían diseñadas por Locomía, dicho sea en términos piadosos, poco después anunciaban su disposición a reunirse nada menos que con cuatro premios Nobel de la Paz y otras voces autorizadas, con la supuesta intención de renunciar a su fantasías macabras y alcanzar una serie de compromisos pactados que llevarían, finalmente, a la firma del ósculo de la paz.

En su triste huida hacia la nada, los miembros de Vascomía siguen promoviendo iniciativas que parecen inventadas por el abuelo Cebolleta. Ahí tenemos, en los primeros puestos del hit-parade de la tontuna, esa refinada idea consistente en crear una asociación de «víctimas del terrorismo de Estado», financiada además por el propio Gobierno Vasco. ¡Qué fuerte-¦! Me parece mucho mejor, y completamente ajustado a derecho, que el etarra Fernando García Jodrá, autor material del asesinato del recordado Ernest Lluch, esté siendo sometido a un tratamiento de fertilidad junto a su pareja, Nerea Bengoa, otra del mismo charco. Es natural que un gran héroe del pueblo quiera prender su semilla en forma de un niño cabezón con chapela que el día de mañana, si el Dios del txacolí quiere, se convierta en digno hijo de su sensato padre. Amén.

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