Camacho, un peón de la Historia
Así lo definió Manuel Vázquez Montalbán en el prólogo al libro Confieso que he luchado en el que Marcelino Camacho daba un repaso a su larga trayectoria como luchador por las libertades. Un peón de nuestra Historia más convulsa y un símbolo de coherencia personal con los problemas de la época en la que le tocó vivir y, en particular, de la clase trabajadora a la que él pertenecía y a la que siempre abanderó. La muerte de Camacho, fundador de Comisiones Obreras, sindicalista de trinchera, acaba de orlar una figura que quedará en la memoria colectiva con ese jersey de lana en el que se diría que quería cobijar las desesperanzas de los más olvidados. Luchador y sufridor directo de la represión en años de ceguera y oprobio, pasó varios años en la cárcel de la que salió dejando en el aire el lema que bien podría servirle de epitafio: «ni nos doblaron, ni nos doblegaron, ni nos van a domesticar». El mal de Alzhéimer, que le mantuvo alejado de la escena sindical y política en los últimos años, nos hurtó su juicio sereno en momentos difíciles como los que ahora vivimos pero ahí queda su ejemplo como referencia ética para las generaciones que vienen. No sólo contribuyó a reconstruir el movimiento obrero sino que subrayó con su ejemplo que merece la pena luchar por la justicia social y la libertad.