Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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A segura el catedrático Laureano Rubio, en una entrevista publicada en este periódico, firmada por Emilio Gancedo: «En el Reino de León lo importante fueron el pueblo y los fueros, no los reyes». Estamos de acuerdo. Lo proclamo Machado: «En España, lo mejor es el pueblo». Y el poeta diferenciaba muy bien pueblo de populacho, lo popular del populismo. El gran rey o la gran reina actúan como correas transmisoras de un pálpito colectivo. Eso que llamamos Historia es, ante todo, pasado. Esta obviedad debe ser recalcada pues hay quienes aspiran a que volvamos a vestir con cota de malla. A mí mis padres me ponen Bermudo, salto de la cuna y no me vuelven a ver el pelo. También asegura Rubio que existe «un leonesismo cutre». Le creemos. Hace años, en un congreso de la Fundación Sánchez Albornoz, centrado -"creo recordar-" en las Primeras Cortes, un conocido líder leonesista protestó en los medios de comunicación porque los congresistas no paraban de decir latinajos. Quería algo más popular. Se olía conspiración judeoautonómica. Lo mismo hubiera preferido que Dinio impartiese la lección inaugural. También existe otro leonesismo, más reacio a ser catalogado, que estudia el ayer, vive el presente sin demonizarlo y mira con espíritu integrador hacia el futuro. No hace ruido, pero está.

Quien esto escribe es leonés por elección. Me molesta que el alcalde de Valladolid asegure que su ciudad es la capital de esta comunidad, pero me molesta porque no es verdad, ni oficial ni oficiosa; pero no voy a retarle a duelo. Mi capital es la que viene en el DNI, pero también lo son mi señora, el Real Madrid, la prosa de Delibes, las canciones de Kris tofferson-¦ Tampoco entiendo eso que el responsable de los socialistas en Castilla y León, Óscar López llama el «leonesismo inteligente y útil» de nuestro alcalde, Francisco Fernández. Nada que objetar sobre lo de su inteligencia, pero lo segundo-¦ Nuestras convicciones más sinceras nunca son prácticas, o sea, útiles, sino improductivas, ruinosas e inevitables. En política, se considera «útil» aquello que sirve para mantener el poder o para conseguirlo; las estrategias son legítimas, pero llamemos a cada cosa por su nombre. Para convicciones puras las de Don Quijote.

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