Diario de León
Publicado por
VICENTE PUEYO
León

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D el León rampante al gato panza arriba. Ese parece ser el sino de León en los últimos tiempos de esquizofrenia. Hay días que hay como euforia, un chute de ego: se acerca el AVE, se atisba el flamante Palacio de Congresos, se acicala el peine de la terminal del aeropuerto a la espera, como un Godot irreductible, de viajeros y maletas-¦ hasta se nos inyecta en vena una sobredosis de adoquinado con los restos de serie del tranvía abortado. Hay días transparentes y prometedores -como los que ahora parece querer regalarnos San Martín- pero, de pronto, caemos de bruces en las garras de la realidad y las cuentas del paro nos dejan con las vergüenzas al aire. Los números son fríos como esas briznas de nieve que han puesto la primera boina escarchada a nuestras montañas. En el mes de octubre se sumaron 1.360 leoneses a las listas del paro, la cifra más elevada de la Comunidad. Suma y sigue: son ya 36.897 los leoneses que buscan empleo. O sea, para entendernos mejor: como si todos los habitantes de San Andrés (más otros 6.000 del Alfoz de propina) estuvieran de brazos cruzados. Esto sí que es un drama por mucho que el portavoz de la Junta intentase limar aristas con argumentos que no escucha ni su solapa: «factores estaci onales-¦ octubre mes complicado»...

Los sindicatos han leído estos resultados como el primer síntoma de que esa bicha llamada reforma laboral no sirve para crear empleo ni para mitigar la temporalidad que se ha enseñoreado del mundo laboral: de los 72.693 contratos formalizados en octubre en toda España, 65.481 fueron temporales y sól o 7.212 fueron indefinidos. En todo caso, parece pronto para relacionar de manera directa los efectos de la reforma con los resultados que ayer se dieron a conocer. Quizá sea preciso esperar a fin de año para contemplar el paisaje con mayor nitidez y sacar las conclusiones más ajustadas. Aunque lo más probable es que entonces sigamos igualmente panza arriba, sacando las uñas de la perplejidad. No nos extrañemos si se engrosa el ejército de los «ni-ni» (ni Zapatero, ni Rajoy) ante la falta de alternativas claras y valientes. Uno, en fin, tira de utopía y echa de menos gente capaz de abanderar esa tercera vía que aconsejaba el visionario Bertrand Russell: pongamos bajo llave las supuestas e intocables virtudes del trabajo y seamos audaces : el camino a la felicidad y la prosperidad pasa por una reducción organizada del trabajo. No a lo bruto, como ahora.

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