EL RUBICÓN
Miguel... ¿qué?
El diccionario de la Real Academia de la Lengua define la demagogia con dos acepciones: «El uso político de halagos, ideologías radicales o falsas promesas para conseguir el favor del pueblo» y, también, como «la manipulación deliberada para ganarse a alguien». Eso es lo que ha venido haciendo el ministro de Industria, Miguel Sebastián, durante los últimos meses en todo lo que tiene que ver con las ayudas del carbón. Y el culmen de su demagogia se vivió hace ahora ocho días en Ponferrada, donde Sebastián estuvo apenas 20 minutos para dejar claro su apoyo al carbón. Faltaría más. ¿Se imaginan qué hubiera hecho ese mismo auditorio que le aplaudió si llega a decir lo contrario? Pero a un ministro no se le piden palabras bonitas, ni gestos para la galería, un ministro debe dar soluciones y eso es lo que le exigen las más de 3.000 familias leonesas que viven en las cuencas.
Y es que a Sebastián le gustan mucho las acciones de cara a la galería. Lo mismo se quita la corbata para hacerse notar, que se planta ante los mineros y les arenga contra las empresas que les pagan los salarios. Eso sí, nunca ha visitado una cuenca, ni una mina, ni siquiera la Ciuden, una de las mayores inversiones de su Gobierno en la provincia. Las cuencas mineras no viven de palabras bonitas, no viven de aptitudes grandilocuentes, las cuencas necesitan, exigen soluciones. Señor ministro es hora ya de que dé la cara y explique a los mineros si ese Real Decreto que han llevado ante Europa se puede aplicar o no, si es legal o no. Es cierto que las eléctricas han judicializado el proceso, pero no es menos cierto que su ministerio poco menos que menospreció al Tribunal de Luxemburgo hace apenas unos días y, ahora, ha tenido que plegar velas y reconocer que suspenden cautelarmente la aplicación del Decreto del carbón. La Justicia es ciega, o debería, pero también es verdad que no hay más ciego que aquel que no quiere ver y usted ha venido cerrando los ojos, mes tras mes -son ya nueve los que los mineras llevan sin facturar-, y diciendo medias verdades. Nadie conocía en Madrid a Miguel Sebastián cuando su -amigo- Zapatero lo colocó como candidato a la alcaldía de la capital y por eso le persiguió el apodo: «Miguel... ¿qué?». Pero, ya puede estar tranquilo. Ahora ya es conocido y si nadie superior lo remedia pasará usted a la historia como el asesor que llegó a ministro de Industria y cerró las minas.