LA GAVETA
Viejas guerras
P ara los bercianos, la Cultural es mucho más que un equipo de fútbol. Cuando yo era muchacho representaba -”injustamente-” todo lo que el Bierzo aborrecía de León: un centralismo extremado y una prepotencia humillante. El odio de los hinchas, que es una vergonzosa vertiente del fútbol, brillaba en los ojos de muchos bercianos cuando venía la Cultural. De cuantos derbys vi de niño y adolescente en Santa Marta hay uno que nunca olvido. Creo que fue en el año 1970, en un día invernal, frío y lluvioso. El Bierzo estaba en pie de guerra contra León.
Había un encono especial, tan resentido como absurdo, y cada jugada tenía la máxima tensión. Era la lucha del pobre contra el rico; del Bierzo contra la provincia; de Ponferrada contra León; del minero contra el burócrata. Los jugadores eran emanaciones de ese delirio, sentido y banal a un tiempo, que acunan las gradas. Las jugadas de peligro eran llamaradas. Los delanteros de León eran vistos como diablos por el público. El partido era espeso; la Cultural vino a defenderse y a jugar al contraataque. La Deportiva insistía pero no marcaba. Los minutos pasaban; llegó el descanso, cargado de presagios. La mayoría funestos.
En el segundo tiempo los obreros blanquiazules salieron con los mismos uniformes enfangados y los rivales con elásticas y pantalones limpios. El detalle, considerado grave chulería por el público, fue acicate para nuevos insultos y otros desmelenamientos claramente inciviles. Yo miraba todo muy perplejo al lado de mi padre. La segunda mitad fue larga y densa. Cuando dejó de llover, los paraguas plegados se convirtieron en ocasionales armas que blandían los bercianos de Braveheart.
Pasaban los minutos, la emoción iba creciendo, los jugadores renqueaban, y hasta el árbitro, que era de Palencia, también se daba cuenta de que allí estaba sucediendo un entierro o una fiesta, no era fácil detectar qué. Volvió a llover con fuerza: entonces la Deportiva marcó. El gol incendió a los espectadores, que abarrotaban el campo. Conocidos y desconocidos se abrazaban en la grada. A mí me abrazaron varios, pero el que más impresionó fue un anciano rural. Lloraba; yo sentí su gozo remoto. Su alegría desbordada y final. Sentí que había ganado una batalla al mundo, al tiempo, a los dioses, a León-¦ Cuarenta años después la Deportiva trata de sostenerse en segunda, un sueño muy difícil, y la Cultural lucha contra su liquidación. A mí me gustaría ver a los dos clubs en segunda. Y que sus choques fueran duros, pero solo deportivos. De momento, algunos bercianos agradeceríamos que en León no deseen que la Deportiva descienda. La provincia toda saldría ganando.