Diario de León
Carlos Fidalgo
Ponferrada

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E l Principito aprovechó una migración de pájaros silvestres para dejar el asteroide B-612, donde arrancaba brotes de baobas, desollinaba volcanes y hablaba con una flor caprichosa.

Los pájaros le llevaron a otros planetas y así conoció a un rey sin súbditos, vestido de púrpura y armiño, que le hizo embajador. A un vanidoso, que le tomó por un admirador. A un hombre de negocios, que creía que las estrellas eran suyas y se pasaba la vida contándolas. A un farolero, que encendía y apagaba un farol sin descanso, porque en su asteroide, el día y la noche duraban un minuto. Y a un anciano que escribía libros de Geografía sin moverse de su despacho y que le aconsejó visitar la Tierra.

La Tierra no era un planeta cualquiera. Allí vivían un puñado de reyes y un montón de geógrafos, eran multitud los vanidosos y los hombres de negocios, incontables los borrachos, aunque la electricidad estaba haciendo desaparecer a los faroleros, que no tenían nada que encender. El Principito, sin embargo, fue a caer en un desierto donde dio con un piloto que escribía novelas y que escuchó su historia mientras reparaba su avión, varado en las dunas. Después, regresó a su asteroide porque echaba de menos a su flor caprichosa, dejó su cuerpo como una corteza abandonada y no hizo ruido al caer.

Ha pasado mucho tiempo de aquello. El piloto cayó al mar durante un vuelo de reconocimiento, años después, y nunca se volvió a saber de él. La Tierra sigue poblada de reyes, borrachos y vanidosos. Y el Principito ha vuelto a aparecer. Lo han visto en la provincia de Badghis, en el antiguo reino de Afganistán, y los hombres que le han invocado son soldados. Esos soldados de los que hablo tienen armas, chalecos antibala, tienen munición y si no les queda más remedio, disparan. Son españoles, y estoy hablando de ellos porque reparten libros; una traducción al dialecto darí de la novela universal, tan cargada de metáforas, que escribió Antoine de Saint-Exupéry.

Y no se han quedado ahí. Junto al coleccionista que ha financiado la edición, Fuencisla Gonzalo, han creado la Fundación Cometa para abrir escuelas en Badghis y luchar con otras armas contra el fanatismo de los talibanes. Alguien debería bajar al fondo de mar, donde estará varado entre corales, para que Antoine de Saint-Exupéry lo sepa.

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