AL TRASLUZ
Míster Confucio
Bienvenido, míster Confucio, le recibimos con alegría. Si se tercia, claro. A los españoles siempre se nos han resistido los idiomas, por desidia o por goteras genéticas. Durante años, aquí ha sido más fácil hallar la piedra filosofal que a un universitario bilingüe. Sin embargo, la sociedad que no habla idiomas, que no se impregna de otras culturas, vive en un mutismo castrador. Admito que en esto mis lagunas son océanos. Ahora ya nadie puede exclamar parafraseando -"mal-" a Unamuno, «¡Qué hablen idiomas ellos!». Nunca es tarde para aprender chino, física cuántica o que amor se escribe sin hache. Excelente noticia, pues, ese hermanamiento entre nuestra ciudad y Xiantang, que se desea sirva de antesala para que el gobierno chino instale aquí una sede del Instituto Confucio. Son centros dedicados a impartir esa lengua, además de a difundir la cultura china. Su aplicación empresarial es incuestionable.
De ubicarse en León dicho instituto, todos deberemos aprender chino, a ser posible hasta el octavo nivel. ¿Y si después de haberlo aprendido no vendo en China ni una lata de pimientines?, se preguntará un empresario agorero. Tranquilo, siempre podrá ser contratado de extra en una película de artes marciales; le pagarán bien, aunque a costa de cobrar mucho. Creyendo que el extranjero empieza en Valladolid no iremos lejos. Internacionalicémonos. Cuidemos el pasado, pero creemos presente. Nuestras vidrieras saben llionés, pero su lengua materna es la universal belleza cristiana. Saquemos a pasear al Marco Polo que llevamos dentro. ¡Viva Oriente!
Y si el Instituto Confucio pasa de largo, como míster Marshall en la película de Berlanga, don Francisco siempre podrá asomarse al balcón y emulando a Pepe Isbert proclamar: «Como alcalde vuestro que soy os debo una explicación, y esa explicación os la voy a dar porque os la debo». Veremos. Seguro que el tal Confucio no viene a la inauguración, vaticinará el mismo agorero de antes. Pues lo mismo. En caso de quedarse todo en gatillazo, ojalá no, aún podremos recurrir a la sabiduría del Tao Te Ching, aunque sea en traducción. «La riqueza proviene de lo que existe /pero lo valioso de lo que no existe». ¡Qué bonito ha de sonar dicho en chino..!