EN BLANCO
Cerveza roja
S in que sirva de precedente, les voy a abrir mi corazón. O al menos, la parte que se ve afectada por el melancólico síndrome del otoño. Todos estamos de acuerdo en que el gran teatro de la vida leonesa, condicionado además por las elecciones que amenazan en el horizonte, es un quejío puro. Si ciertos políticos trileros califican nuestro aeropuerto como un derroche disparatado que se debe a las ínfulas de José Luis Rodríguez Zapatero, otros datos más ajustados a derecho indican que León es la provincia que acumula la subida de precios más alta de todo el país, con un incremento del tres por ciento desde octubre del 2009. La cosa no está para confetis en una provincia que arrastra un rosario de oportunidades perdidas, acostumbrada a verse zarandeada por los acontecimientos debido a sus muchas carencias.
Puesto que se trata de pasarlo lo mejor posible en la vida, aunque sin llegar a condenarnos al infierno, parece harto razonable hacer las maletas y largarse a lejanos confines con la finalidad de olvidar las miserias cotidianas. Un viaje es igual que un bocadillo: nunca sabes lo que te vas a encontrar. Pero en principio Bélgica parece un buen destino a pesar de lucir un clima con el que resulta imposible discutir, ya que gran parte de la memoria española pervive en establecimientos donde se bebe cerveza de color rojo desde que los Tercios de Flandes asentaron sus reales en la plaza.
En Gante, ¡oh sorpresas de la vida!, pueden verse en un edificio de preciosa simetría los escudos de las distintas provincias que pertenecieron al emperador Carlos V, natural del lugar. Allí se yergue, majestuoso e indómito, el león que es blasón de nuestra provincia, a modo de recordatorio de otros tiempos gloriosos y muy lejanos a la triste ruindad del presente.