LA VELETA
El freno alemán
La reunión de los ministros de Finanzas de los 16 países del Eurogrupo que se celebró el pasado lunes en Bruselas tuvo una importancia evidente porque fijó la posición del conjunto, sometido al liderazgo alemán, acerca de la coyuntura actual y de las previsiones de futuro, después de que el Banco Central Europeo hiciese frente a las tensiones especulativas de la pasada semana mediante la compra de varios miles de millones de euros en bonos de países periféricos, con lo que consiguió apaciguar los mercados. En lo que a España concierne, el Eurogrupo se mostró el lunes «muy impresionado» por las nuevas medidas adoptadas por el Gobierno español la pasada semana, que salieron al paso de las dudas expresadas con anterioridad por la Comisión Europea, que ponía en tela de juicio el cumplimiento de las previsiones de crecimiento y, consiguientemente, de las de déficit, que debe ser del 6% del PIB al concluir el próximo ejercicio presupuestario.
Pero el Eurogrupo estudió tambien otras dos propuestas que llegaba por distintas vías: el director gerente del FMI, Strauss-Kahn, había sugerido la conveniencia de ampliar el fondo de rescate, que es actualmente de 750.000 millones de euros, para acallar a los escépticos y tener prevista la contingencia de que pueda caer algún país de gran tamaño. Alertada de la propuesta, Angela Merkel declaró en Berlín que no veía en este momento la necesidad de tal medida, tesis que aceptaron disciplinadamente de inmediato todos los ministros, con el presidente del Eurogrupo, Jean Claude Junker, a la cabeza. Como es conocido, Merkel, muy debilitada políticamente, ha de soportar la constante presión de sus socios liberales de gobierno, que están mostrando un beligerante antieuropeísmo.
La otra propuesta, recurrente, provenía esta vez del propio Junker y del ministro italiano de Finanzas, Giulio Tremonti, quienes en un artículo en el Financial Times habían reiterado la idea de que la Eurozona emita conjuntamente bonos de deuda para facilitar la refinanciación de la deuda de los países más castigados. La primitiva propuesta en tal sentido fue efectuada, también sin éxito, por Jacques Delors, entonces presidente de la Comisión, en 1993, aunque con el objetivo de poder llevar a cabo políticas anticíclicas de corte keynesiano, y desde entonces ha renacido intermitentemente en distintos foros europeos. Inmediatamente, Alemania ha manifestado su posición, también contraria a los bonos europeos, con los argumentos de que los tratados no permiten tal cosa y de que de este modo se impediría la competencia entre tipos de interés y, consiguientemente, el estímulo para respetar los criterios de estabilidad: en definitiva, Berlín quiere seguir obteniendo recursos mucho más baratos en los mercados de capitales.
El proceso de construcción europea, que difícilmente avanzará si Alemania no recupera, con cierta grandeza, su papel de locomotora de la integración.