Inmigrantes y conciudadanos
El dato es concluyente: De las 135.176 personas que están empadronadas en la capital leonesa, 11.028 son extranjeros, es decir, el 8,15 por ciento del total. El año pasado, en estas mismas fechas, el porcentaje de inmigrantes sobre el total de empadronados era del 7,8 por ciento. El incremento resulta relevante, sobre todo al vincularlo con una situación de crisis generalizada que, a priori, invitaba a pensar que se iba a producir un retroceso, e incluso, un proceso de vuelta a casa por parte de los menos favorecidos por la fortuna. Cierto es que en comunidades con índices más altos de población inmigrante sí se ha advertido un ligero «frenazo» pero la realidad es que el fenómeno de la inmigración no es, ni aquí ni en el resto de España, algo coyuntural sino uno de los mayores retos que debe afrontar una sociedad civilizada como la nuestra. Una sociedad que, no podemos olvidarlo, ha vivido y sufrido en sus propias carnes el dolor y el desarraigo que ahora se trae consigo el inmigrante.
Aunque lejos de porcentajes como el que, por ejemplo, se registra en Valencia capital (con algo más del 15 por ciento de población inmigrante) o de Cataluña, donde representan ya el 16,4% del conjunto de la población catalana, los datos ofrecidos por la Concejalía de Bienestar Social no pueden pasar desapercibidos. Esas 11.028 personas pasan diariamente por nuestro lado, son conciudadanos que merecen nuestro apoyo y nuestro respeto. Nadie ha dicho que ni para los que estamos ni para los que vienen sea fácil el proceso de integración en nuestra sociedad, t an alejada muchas veces de los esquemas culturales de los recién llegados. Pero sí es hora de poner coto a injustos tópicos de los que aquí tampoco nos libramos. Por ejemplo, los datos reflejan que no puede hablarse de que exista un abuso de la sanidad pública ni de que la presencia de inmigrantes sea determinante a la hora de analizar los niveles de delincuencia. Y es falso que bajen el nivel de la Educación. Otra cosa es que no seamos capaces de gestionar mejor nuestros recursos. Es tiempo, en fin, de mirar este fenómeno en positivo si de verdad estamos comprometidos con una socie dad más justa.