Diario de León
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León

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M e topé el otro día en la calle con un conocido político comarcano y le pregunté con mecánica cortesía: «¿Que tal? ¿Qué haces?». Me respondió indiferente: «Nada, por aquí. De sobrante». Sí, de sobrante. Ahora que la RAE está en plena tormenta de cambios de todo signo debería valorar la inclusión de la acepción berciana del término sobrante, que nada tiene que ver con la académica. Más que nada porque por desgracia está cada vez más vigente.

El sobrante berciano viene a resultar un sinónimo peyorativo del vago redomado. Del que ejerce con gusto y aire diletante e insultante mientras hay gente que rebusca en la basura para alimentar a su familia. Un tipo despreciable que se reproduce sin embargo por todo el país como una plaga de langostas. El epítome del sobrante es estos días sin duda el controlador aéreo. Pero de sobrantes recalcitrantes está cada vez más llena la platea política. Sólo hay que rumiar las últimas declaraciones de algunos miembros del Gobierno cuando se les interroga sobre el resultado de las deliberaciones para ampliar-decapitar el sistema de ayudas al carbón y por extensión de las cuencas y sus pobladores.

Mi padre me repetía perifrástico a mí y a mis amigos cada verano que no hacíamos otra cosa que estar de sobrantes. Pero era aquella etapa estudiantil, de fiesta en fiesta por los pueblos, que la sociedad aún se podía permitir de manera ocasional. Ahora hay sobrantes inaguantables en no sé cuantas administraciones de sobra. Sobrantes que aún debaten sobre si deben crearse todavía más administraciones intermedias que contribuyan a la costosa e ineficaz molicie burocrática.

Hay sobrantes de vinos por los bares que se regodean con todas las subvenciones que se han tragado y se siguen tragando de esos cursos-estafa de formación que eufemísticamente se bautizan como políticas activas de empleo. Hay sobrantes financiados por las bochornosas políticas de subsidios a la prejubilación a los 42, trasuntos de sanguijuelas que encima aprovechan cualquier púlpito para proclamar que liban sangre, pero orinan Chanel ... En fin, el Gobierno ha decretado el estado de alarma para detener a los mayores sobrantes del momento. Pero en realidad el estado de alarma ya se había instaurado hace tiempo en este país y sus gobernantes ni se habían enterado porque no ven más allá del BOE.

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