La opinión del lector
La demagogia de algunos fumadores
E l artículo de Antonio Núñez en la última página del Diario de León del día 2 de enero es el paradigma de la demagogia argumentativa de algunos fumadores en torno a la ley antitabaco que acaba de entrar en vigor. Dice que «hosteleros y estanqueros hablan de miles de millones en pérdidas, que a la ministra le dan igual», afirmación que junto con lo de que «...somos como apestados. Con este Gobierno nazi nos pasa lo que a los judíos cuando Hitler», me lleva a lo que ya he comentado en otro artículo al respecto: todos sabemos que los fumadores seguirán yendo a los mismos bares y cafeterías, si no quieren quedar marginados de la sociedad, al igual que hicimos siempre los no fumadores. ¿Por qué ahora protestan por la marginación de los que se drogan -porque fumar es drogarse- y no lo hicieron cuando lo padecíamos los que no nos drogábamos? Después utiliza bromas sin ninguna gracia, cuando dice que «prohibiéndolo a ver cómo se sostiene la pirámide de edad de las pensiones».
Usted, señor Núñez, puede fumar, beber o disponer de su vida como le plazca -faltaría más-, pero hágalo solo, sin molestar a los demás que no quieran hacerlo. Si fuma a mi lado, me está obligando a algo que no deseo, es decir está conculcando mi libertad de elección, mientras que usted puede hacerlo en cualquier otro sitio. Por último bromea con fundar un partido ácrata, cuyo lema sería «en España se permite fumar y no fumar, faltaría más». Burda demagogia, puesto que usted no me permite no fumar al tenerme que tragar sus humos. Al parecer, para estas personas los derechos de los demás que no coincidan con sus deseos no tienen validez. Son los que nunca han pensado en los camareros soportando un ambiente infecto horas y horas para poder llevar el pan a casa.
Afortunadamente, no todos los fumadores opinan lo mismo. En el primer día de la prohibición, la cafetería a la que voy habitualmente a tomar mi café de la mañana estaba llena, como siempre, y en las mesas de al lado los mismos clientes, que antes fumaban y ahora no. Y no he visto que se comieran los nudillos de desesperación. Siendo sensato no es necesario caricaturizar para restar credibilidad o validez a aquello que no nos gusta.
Manuel Sánchez Rodríguez. LEÓN
Un hermoso secreto...
S ucedió allá por los años cincuenta, en un pueblo de Teruel, Híjar. La velada había sido laboriosa pues teníamos que rallar el maíz que era el alimento que más les gustaba a los camellos. Nos acostamos pronto, llenas de todo el nerviosismo que se puede acumular en corazones de seis años. Pasada la media noche, un ruido que venía del camino nos despertó. Nunca los habíamos visto, sólo la certeza de que se acercaban los Reyes hizo el resto en nuestra imaginación desbordada. No supimos cómo entraron (porque era obligado tener los ojos bien cerrados) pero, a la mañana siguiente, sobre unas sillas de anea cubiertas con sábanas, aparecieron las cajas de pinturas Alpino, dos cuadernos de colegio, un plumier de madera para compartir, una cartera para mi hermana, un vestido hecho de retales para la vieja muñeca de cartón piedra y unas mandarinas de piel brillante. Y fuimos inmen samente felices. Desearía que nunca me hubieran revelado el hermoso secreto pero... ¡tengo ya sesenta años!
Teresa Rubira. ALICANTE