Diario de León
Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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H acia 1950 una intensa helada arruinó, una vez más, a los labradores de la Plana de Castellón. Los efectos fueron especialmente duros en Villarreal, una pequeña ciudad situada a seis kilómetros de la capital de aquella provincia valenciana.

Los hombres más lúcidos que habían sido víctimas del enésimo desastre climático comisionaron a uno de ellos para que viajara a Italia y observara el allí floreciente mundo del azulejo. Sus fábricas y sus diseños.

Ese hombre fue José Soriano, quien dos décadas más tarde sería el dueño de la más famosa empresa porcelánica de España. Al amparo de aquel viaje iniciático, la provincia de Castellón se fue convirtiendo en una de las factorías mundiales del azulejo. Su población creció como la espuma, también su renta. E incluso cuenta con un club de fútbol, el Villarreal, que es hijo directo del esplendor cerámico y que es uno de los equipos más potentes de Europa. Radicado en una ciudad de 45.000 habitantes. En Villarreal viven jugadores que son titulares de la selección de Brasil, de Italia o de España.

El viernes pasado publicó Miguel Varela una excelente columna en este diario. Hablaba del Bierzo, de sus grandes dificultades actuales; de su escandaloso número de parados, de su incapacidad para ofrecer un porvenir digno a muchos de sus hijos.

¿Qué hacer? No digo yo que la solución pase por emular a los labradores de La Plana que dejaron de cultivar alcachofas para producir azulejos, pero hay que moverse. Y aunque es muy difícil otear horizontes, parece que el Bierzo no va a encontrar el impulso necesario sin llevar a cabo importantes cambios institucionales.

Ello significaría reformar a fondo la estructura política de la comarca. Una tierra donde hay casi cuarenta ayuntamientos más la casi simbólica existencia de un Consejo Comarcal.

Se trata de una red administrativa anacrónica, dispersa e ineficaz. Creo que el Bierzo debería constituirse en ayuntamiento único. Un gran municipio que asumiría las competencias del Consejo y que respetaría los intereses legítimos de cada uno de los territorios bercianos. Pero que actuaría al unísono, con mayor amplitud de miras y con más fuerza para poder reclamar lo que corresponde a los bercianos ante las demás administraciones. Lo que planteo puede parecer quimérico. Pero probablemente imprescindible para refundar la comarca. Porque los tiempos requieren de un impulso casi revolucionario. Un impulso que, además, nunca será posible si no se eleva, pronto y con intensidad, el nivel cultural del Bierzo. No conviene olvidar que esas hipotéticas reformas son competencia de la Junta de Castilla y León. Es algo que se podría y debería articular desde el parlamento autonómico.

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