TRIBUNA
Aquellos chismes y estos telares
Tarde navideña. La calle Ancha está repleta de gente, bulliciosa y peregrina, cargada con las últimas compras y detalles. La crisis golpea con fuerza, pero por una noche nos dejaremos llevar por la música y la sonrisa de Arty, que sigue devolviendo villancicos a los viandantes que le echan unas monedas, a pesar del frío con el que se envuelven las manos que siguen fieles a su acordeón. Los niños ríen, esperando nerviosos los regalos de Papá Noel o ultimando la carta a los Reyes. Señalan con su inocencia el belén de San Marcelo, las luces de las calles o el puesto de castañas y churros donde su abuelo les comprará algo, a pesar de la regañina de sus padres, «porque luego no cenan nada».
Es la postal navideña de este León milenario, con el árbol encendido a los pies de nuestra Pulchra leonina, rodeado de enormes tiestos rojos que aparecieron una tarde por arte de magia, como la que se celebró hace unos días en nuestras calles. Detalles imprecisos de una ciudad que se agolpan en correos electrónicos con el título «101 cosas que hacer en León antes de morir», a medio camino entre el estrés sofocado de no llegar a conocer nunca una ciudad y la inquietud de descubrir con los ojos de otros sus miles de rincones escondidos. También en las redes sociales esta iniciativa ha causado verdadero furor, contando con siete mil fans en Facebook y con más de once mil en Tuenti. Páginas donde desconocidos aportan su granito de arena, su visión de nuestra ciudad y sus costumbres, con ese viejo romanticismo de los que, exiliados, añoran la Plaza del Grano, el sonido de las cornetas y tambores al compás de los Pasos, el ruido incesante del Húmedo o la quietud fantasmagórica de San Isidoro y San Marcos iluminados por la noche. También se esconden tesoros en nuestras calles, como ese monolito de piedra dedicado al viejo Profesor en Vegazana o la biblioteca Azcárate, cuna de la revista Espadaña. En esa lista deberían entrar también las viejas costumbres como el filandón, oyendo las historias de nuestros mayores sentados en el viejo escaño al calor de la lumbre o la Ronda en jueves santo con el sonido de la esquila, el clarín y el tambor, frente al tumulto que recorre las calles, brindando con una copita de orujo. Entre esas 101 cosas, podríamos encontrar la de allamparse la boca con morcilla recién hecha en algún bar del Húmedo, más conocido por sus tapas que por su nombre original, entendernos cuando «marchamos» de un sitio, matar judíos a la vez que observamos el desfile de papones por nuestras calles, hablarle de las «bojas» a los peregrinos o no necesitar de traducción para nuestros «chismes y telares». Todos esos pequeños detalles que nos hacen tan cazurros, como botar en el Palacio con un gol del Ademar, desesperarnos otro año más con la Cultu, batir récords con la Copa de la Reina y el Cleba o recordar el ascenso a la ACB del Baloncesto León. Nos presta volver a casina por Navidad, poner el ramo y volver a quedar en el BBVA de Santo Domingo o en las letras de la Catedral para ir de cortos o butanos. Y cuando llega la primavera, no hay nada mejor que pasear por la orilla del río o ir de merienda a la Candamia. Será la nostalgia por sentir algo más de calor en este frío invierno, parecida a la añoranza que sentimos cuando pasamos por delante del Emperador y recordamos los grandes estrenos con aquellos carteles pintados a mano y sus butacas, perfecto escenario para ver la última película de estreno. Subiremos al Portillo a mirar las estrellas, nos entrará el ramalazo patriótico al oír los primeros acordes del himno de León o iremos algún martes a conciertos en directo en la calle Cervantes y seguiremos añadiendo números a esa lista ya infinita.
Porque en estos tiempos donde las ciudades se convierten en junglas de hierro y cemento, urge redescubrir todos esos pequeños rincones, como caminar por la calle de la Paloma y encontrarse de bruces con la Catedral iluminada, como un bofetón de belleza ante tanta callejuela perdida. 101 cosas o más para perderse en esta Legio VII y darte cuenta de que por muy lejos que estés de casa, siempre será la ciudad de tu vida.