Diario de León
Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

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U no de los achaques que expresan con más reiteración los ventrílocuos de las taifas provinciales suele ser la amplitud de nuestro territorio, que aleja sus asuntos y los enfría antes de llegar al horno metropolitano de Valladolid. Y esta música se oye lo mismo en Cacabelos o Boñar que en Villarcayo o en Cebreros, a poco que uno espigue los papeles, sintonice la parla de los filósofos de barra o navegue por el dial. Tampoco ayuda a paliar el desafecto la ocurrencia de traer a medio millar de alcaldes hasta la capital para recoger el aguinaldo de Herrera y hacerse la foto con el faraón.

Con iniciativas de este pelaje, a nadie extrañará que una de nuestras vitolas más envidiables pueda seguir siendo jaleada como causa y origen de todos los infortunios. Pero así se circula por ahí. Sobre todo, cuando se acerca el horizonte de las urnas, que es la pizarra que pone a cada político en su pupitre. En esta tesitura, es frecuente el caso del político áspero, que trata de distraer los tropiezos de su gestión subiendo el tono de las declaraciones y convirtiendo la controversia en bronca arrabalera. Otra variante la integran los adheridos en proceso de meritoriaje, para quienes no hay barrera que se resista. De todo ello tenemos estos días ejemplos próximos y lejanos, que para eso sirve la convivencia en un territorio amplio y diverso. ¿Y de qué discrepan los que tanto se desgañitan? Pues hay de todo, pero mejor no enredar con su recuento.

Sí es momento, en cambio, de repasar los plazos vencidos. La minería tiene echado el cierre y en su horizonte inmediato marcada la fecha de caducidad. El ajuste de las Cajas de Ahorros parece que no va a parar ahí y a ver en qué queda. Descontada ya la primera década del tercer milenio, volvemos a las urnas con las grandes infraestructuras viarias suspendidas. El Oeste, que es donde más acucian las cuestiones irredentas, asiste con perplejidad al olvido de su plan de salvamento gubernamental. Precisamente por aquella banda discurre la Vía de la Plata, una calzada romana que articula la espalda de la vieja Iberia siguiendo la huella de una senda ancestral. De esta ruta periférica sólo se habla cada cuatro años y en general para discutir. Sus tramos de asfalto ni siquiera avanzan a paso de exhausto peregrino.

Veinte años después del anuncio de su conclusión con los fervores de la Expo sevillana, todavía queda pendiente el enlace entre Zamora y Benavente. A diferencia de Cuenca, Soria quedó marginada del Ave que cruza su territorio y la única autovía que avanza por allí es la que la comunica con Madrid. Ni siquiera la troncal de León a Valladolid se mueve. Tampoco tendremos tranvía, pero otra vez nos hemos entretenido con un espejismo de vía estrecha. Es lo que hay.

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