Diario de León
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La sociedad leonesa ha recibido con la lógica conmoción la noticia de la aparición d el cadáver de la joyera leonesa Marta Villayandre en la vertiente asturiana del puerto de Pajares. Se cumplen así los peores presagios de un caso que se ha seguido con enorme atención y que también ha suscitado un gran movimiento de solidaridad con los familiares y amigos de la fallecida. El dramático desenlace ha generado en la calle innumerables comentarios pero quizá el denominador común es la sensación de creciente inseguridad que, más o menos fundada, se hace visible en esos comentarios y que se suele vincular con la prolongada crisis económica que atravesamos. No puede negarse que existe una cierta psicosis al respecto -los robos en domicilios y comercios han crecido significativamente aquí y fuera de aquí- pero habrá que convenir en que entre asaltar un domicilio para llevarse unos cientos de euros y perpetrar una acción tan alevosa como la que se atribuye a los colombianos detenidos hay una gran distancia. Es ciertamente sobrecogedor que haya cerca de nosotros gentes tan viles como para ser capaces de acabar con una vida por unos maletines de joyas. También es exigible la máxima prudencia para evitar injustas generalizaciones que pueden herir al amplio colectivo de inmigrantes sudamericanos que viven y trabajan en León y que, sin duda, son los primeros interesados en separar el grano de la paja.

Por otro lado, es comprensible que el subdelegado del Gobierno defienda el trabajo de las fuerzas policiales como hizo con énfasis. Pero, dicho esto, quizá le faltó algo de prudencia. Califica el trabajo de los investigadores de «espléndido» y «brillante» pero hay elementos que matizan esos calificativos. Sigue siendo incomprensible que el vehículo de Marta estuviera en el depósito municipal de Oviedo desde el día siguiente -19 de enero- al de la desaparición y que no fuera relacionado con el caso hasta el viernes 25.

Tampoco se entiende bien que las gestiones de la familia para localizar las llamadas en el móvil de Marta fueran más rápidas que las de la investigación. La cautela y la mesura deberían acompañar siempre a un servidor público.

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