Diario de León
Luis Urdiales
León

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Las partidas políticas se deciden a veces por los ases guardados en mangas de camisas de tirantes. Se resuelven en la última jugada, en un amago, un despiste del contrario; una puerta trasera sin cerrar, un cálculo arriesgado descomunal. Así alimentan los socialistas leoneses su ansiado regreso al gobierno de la Diputación, el que les niegan las urnas desde 1995 desde la trágica muerte del alcalde de Cistierna y diputado provincial, Carlos Álvarez. No les ha hecho falta rebuscar para ver la vía de agua. En la montaña oriental, clave para decidir el color del pendón de la provincia en los últimos mandatos del siglo veinte y comienzos del veintiuno, se cuece el voto a fuego lento. Y se cuenta, el voto, con pizarrín. Rayita a rayita. El Esla corre al revés desde que en otoño se declaró inaugurada esta campaña; escudriña los regatos y torrentes, rastrea las entradas de los viejos molinos, se arrastra bajo los portones de las casas, recopila apoyos, recuenta posibilidades. Recompone el camino hasta Tierras de la Reina y Valdeburón, salta los puertos, baja a Sajambre y al Cares, mide el cuerpo a cuerpo. Recorre el Porma y el Cea. No es leyenda. Amor Franco, recuperado valor del aparato, tiene anotados en un cuaderno los apoyos de los que dispondrá Ibán García del Blanco en el partido judicial de Cistierna para su asalto al Palacio de los Guzmanes el 22 de mayo.

Se agrieta el edificio de la derecha en el partido judicial de La Bañeza; aventan la pieza los sabuesos del secretario de organización del socialista leonés que gestiona la jauría electoral de la izquierda deseosa de desquite por el traspiés de mayo del 2007 cuando, por un quítame allá 400 votos, el diputado de zona voló gaviota al tejado del PP. El goce que siente el PSOE por la balcanización entre las opciones del electorado de la derecha -"más que evidente en El Bierzo o en León ciudad-" se desata placentero sobre la mesa de la partida electoral en torno al puente Paulón. Sabedores de que la carta ganadora no está en su mano, con el Partido Popular entregado a Michel del Egido, el PSOE confía en que Ramón Ferrero se deje cortejar por el Mass y, además de romper la inquebrantable unidad bicéfala del partido de Carrasco en el Páramo, atienda la tentación de volver a ser alcalde de Santa María y a la vez se lleve en procesión a ese cluster nativo que forma la comunidad de regantes. Y a coro grita, sin recato: dale Ramón.

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