TRIBUNA
De la necesidad se hace virtud
S e pactó la reforma. El 28 de enero era la fecha tope que había fijado el presidente del Gobierno para consensuar la reforma de las pensiones y se fraguó el pacto, después de debates, negociaciones, polémicas y algún que otro cocktail de difícil digestión como el que vinculaba la subida de la edad de jubilación a los 67 a la ampliación de la fecha de caducidad de la central nuclear de Garoña. No parecía sensato que Gobierno, sindicatos y patronal siguieran jugando con un tema tan sensible como las pensiones como si estuviesen cambiándose cromos repetidos. Y, finalmente, se ha llegado a un compromiso que nos recuerda mucho al popular refrán: «hacer de la necesidad, virtud».
Pero al margen de toda la polvareda que ha levantado la reforma del Sistema Público de Pensiones, desde el CEL queremos hacer hincapié en un aspecto menos comentado y a nuestro entender más vinculante y preocupante como es nuestro problema demográfico. Ya lo dijo recientemente el propio ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, quien afirmó que «la reforma de las pensiones no la imponen los mercados sino la evolución demográfica».
Más allá de la coyuntura económica o de las exigencias de la UE, el sistema de pensiones español tiene desde hace tiempo una espada de Damocles pendiendo sobre él y no es otra que nuestra pirámide de población cada vez más invertida. Las reducidas tasas de natalidad y el incremento de la esperanza de vida están generando un proceso de envejecimiento de la población muy serio, más si cabe en nuestro ámbito geográfico de Castilla y León donde las cifras son cada año más preocupantes. Este es el verdadero condicionante de la viabilidad financiera del sistema de pensiones en España y un aspecto clave que no se está abordando. Y otro aspecto, igual de importante que el anterior, es el acentuado problema del paro, lo que repercute directamente en el sistema de pensiones por la falta de cotizantes. Como empresarios creemos que para poder restituir y mejorar cuantitativamente este sistema es necesario rebajar la cuantía en las cotizaciones, medida que ayudaría a nuestra competitividad y facilitaría la contratación y las relaciones laborales.
Desde el Círculo Empresarial Leonés pensamos que es el momento de apostar por una transformación del sistema de pensiones que combine varias medidas y varias fórmulas para financiarlo. El debate no debe estar centrado únicamente en prolongar la vida laboral hasta los 67 años, medida, por otro lado, que no nos parece justa ni equilibrada de comenzar a aplicarse a todos los contribuyentes, puesto que entendemos que no se pueden modificar unilateralmente las condiciones y derechos contraídos de las personas trabajadoras. No parece sensato que a mitad del juego cambien las reglas, aunque sean para todos, porque los trabajadores ya no podrán recuperar el tiempo perdido ni considerar otras opciones de carácter privado para sus pensiones futuras. El acuerdo de reforma contempla que las medidas se irán implantando gradualmente desde el año 2013 al 2027 en el que estarán totalmente en vigor, lo que significa que afectarán de pleno a las personas que tienen ahora menos de 50 años.
Y en este punto, viene a cuento señalar que las cuentas de la Seguridad Social que presentó el día 19 de enero el Secretario de Estado, Octavio Granado, constatan una cruda realidad: que el sistema actual es insostenible. Si con 17,4 millones de cotizantes y 5,1 millones de pensiones de jubilación (excluyendo las de viudedad, orfandad o incapacidad temporal) apenas se consigue el equilibrio de las cuentas, ¿qué va a pasar cuando esas cifras vayan confluyendo por el envejecimiento de la población española? Y ya no vale decir que hay un Fondo de Reserva porque gran parte de ese fondo se consumiría en un mal año de cotizaciones.
Los expertos en esta materia señalan que, en ausencia de cambios normativos, la recaudación de las cotizaciones sociales en términos del PIB permanece constante, alrededor del 13%. Esto significa que el gasto también deber permanecer en el mismo porcentaje para que el sistema esté equilibrado y sea sostenible. Pero las previsiones no apuntan hacia esa dirección. De una persona en edad de jubilación, mayor de 65 años, por cada cuatro personas en edad de trabajar se pasará, en el horizonte de 2050, a una persona en edad de jubilación por cada 1,6 en edad de trabajar. Ello se traduce que, si no se reforma con seriedad el sistema de pensiones, el gasto por este concepto será de más del doble en las próximas décadas. Con lo cual, se pueden dar dos situaciones: las pensiones de los jubilados se reducirán un promedio del 40% respecto a las de las de hoy, o bien, aumentará el tipo de las cotizaciones lo que exige a las generaciones más jóvenes un sobreesfuerzo mayor que el actual para pagar las pensiones del futuro.
Estamos pues en una encrucijada en la que, como en tantas otras ocasiones, el Gobierno no está aprovechando el momento para abordar con seriedad y rigor una reforma de mayor calado y evolucionar hacia un modelo de pensiones que no sea exclusivamente de reparto, como el actual, sino combinado o complementado con un sistema de capitalización obligatorio que fomente el ahorro. Ya se ha hecho y se hace en otros países, por ejemplo, en Chile donde el llamado padre de las pensiones privadas, José Piñera, introdujo en 1980 los fondos de capitalización individual que se rigen por el mercado. Estos fondos, según Piñera, han tenido una revalorización del 9,25% durante 30 años. Esto quiere decir que un trabajador chileno ha visto cómo el poder adquisitivo de su ahorro ha crecido durante tres décadas.
Desde el CEL hemos alertado en numerosas ocasiones del problema demográfico de Castilla y León y de nuestro excesivo envejecimiento y gasto que conlleva, lo que se puede trasladar al conjunto de España, y esto obliga a replantearse el sistema de pensiones. Recurrir a medidas, como retrasar la edad de jubilación, eliminar prejubilaciones, controlar incapacidades temporales, pueden ser tácticas más o menos fáciles, pero, lamentablemente, no son las más seguras ni eficientes. Tendremos pues que recurrir a otras soluciones ya apuntadas y mejorar notablemente nuestra competitividad, nuestra capacidad de crear empleo, de incorporar a los jóven es al mercado laboral, además de fomentar seriamente la natalidad, algo de lo que nadie habla. De lo contrario, tendremos pensiones más bajas y mayores contribuciones. ¿Alguien prefiere esto?