Diario de León
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gAllEgO
León

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E s peraba que la obra de las rotondas de Álvaro López Núñez no fuera la de El Escorial porque creía que no era mucho lo que había que hacer y por eso los plazos que habían dado se me antojaban eternos.

Pero lo que no sabía es que para entrar en el Guinness iban a volver a ponerlo todo patas arriba. Hace pocos meses que se acabó la obra de Mariano Andrés, que también fue faraónica en tiempo (alguna pirámide tardó menos en construirse) y con lo majo que quedó ya lo han estropeado.

Parece que es el sino. Pero en León apenas acaban una obra y lo dejan todo estupendo (no siempre ocurre), no pasa mucho tiempo hasta que tienen que volver a hacer algo y lo levantan de nuevo. Y lo malo es que cuando lo cierran ya no queda igual y tenemos que sufrirlo así muchos años.

Pues bien, en el caso de la rotonda del cruce con Mariano Andrés no había mucho que hacer. Pero lo van a hacer. Es decir, van a recortar las esquinas de las nuevas aceras de la antigua Cruz Roja y el Giner de los Ríos para que quede más espacio en la calzada para la rotonda. Y la acera que hay enfrente, antes de la parada de taxis, se reducirá por el mismo motivo. También harán lo mismo con las esquinas de la Carretera de Asturias, pero esas eran más anchas y pasa menos gente.

No sé si en Poridad se dan cuenta de que gastan dinero sin sentido. Pero eso sucede porque no se planifica nada, sino que se va actuando sobre la marcha. Porque creo que si cuando se arregló Mariano Andrés se hubiera planificado toda la zona no se habrían puesto las aceras para levantarlas pocos meses más tarde. Los materiales cuestan, aunque tal vez se hace así para tener ocupados a los obreros durante más tiempo...

Si es por eso, trabajo hay bastante. Por ejemplo se les ha olvidado terminar de pintar la señalización horizontal en Álvaro López Núñez y así sólo hay un carril anchísimo en vez de dos. Pues a eso pueden destinar a los obreros, en vez de hacer de Penélopes todo el día abriendo y tapando las mismas zanjas.

Y ya puestos y como el frío de madrugada es intenso, recordar que lo de echar agua en las calles no es lo mejor, sobre todo si son umbrías. Es el caso de las calles Cardiles y Platerías y el ensanche de Pozo que se mojan, luego se echa fundente porque están como un cristal y se destroza el suelo, pero no se logra evitar la pista de patinaje. Los sustos de los peatones son de Guinness. Como casi todo en esta ciudad.

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