LEÓN EN VERSO
La ardilla
La ardilla que incitaba al ahorro murió aplastada por la voracidad del negocio, pisoteada por el búfalo luminoso que hizo añicos la hucha redonda que enseñó a una generación entera de leoneses cómo guardar hoy para que hubiera mañana. El Monte de Piedad nació para combatir la usura y engrasar la perrona gorda que tanto sudor costó ganar -y guardar- a miles de leoneses. La caja de ahorros llegó a ser un lugar acogedor para los niños, y los obsequiaba con la revista de recortables y la ardilla aquella precursora de la doctrina que ahora predican por coste y riesgo de la cuenta naranja mientras papá y mamá ponían al día la cartillona azul.
Llegó la moda de simplificar nombres, buscar marcas, y la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León dejó de ser una declaración de intenciones para convertirse en un mensaje a caballo entre Wall Street y el centro financiero del pasaje de Santo Domingo. Caja León, para estar a la altura de los modernos 80. Llegó a ser sucursal de fusiones, una caja fuerte en una tierra pobre, germen de esto que ahora se entiende como recurso financiero de la comunidad, donde se alimentaron los egos que no llegaban a cubrir las urnas y se embadurnaba el clientelismo de la política y el nepotismo que asegura a los mediocres tener empleo sin pasar frío a la intemperie. El tráfico entre el ayuntamiento y la caja alcanzó la misma densidad que la carretera de La Coruña a la altura de Torrelodones cualquier jueves santo a mediodía.
El toro se adueñó de los ahorros de los leoneses, de la pensión de las viudas y de la cartilla infantil. La confianza aquella que llegó a presentarse inquebrantable no debió ser tan densa, a tenor del gentío que se echó a la calle cuando los leonesistas llamaron a rebato con las tropas castellanas -"pregonaron-" a las puertas del fortín de Botines. Se conoce que los impositores ya estaban hastiados de ver a prebostes del consejo de administración cruzar por San Marcelo al paso de fotogramas de Uno de los nuestros o como actores de reparto a medio camino entre Cocodrilo Dundee y George de la Jungla. Se conoce que salieron de dudas al preguntarse sobre si una familia debe confiar a esa gente la tranquilidad de su jubilación. No supieron si lamentarse más porque la intervención del Banco de España no pasó de rumor, por el cocodrilo que puso la piel de los zapatos, por la cartilla de la abuela o por la ardilla que destripó el toro.