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León

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Imagino que como algunos pueblos primitivos, o los clásicos, podían adivinar el futuro en las entrañas de los muertos o en el fondo de una vasija de aceite, el minero de toda la vida puede discernir cómo huele la antracita de Alinos o de qué color es el humo de la hulla lacianiega. Me lo contó un picador que aguarda nervioso la prejubilación, practicando la aeromancia: cuando Compostilla empieza a quemar carbón berciano, antes de que entré en acción la desulfuración, sus chimeneas exhalan unas gruesas volutas de color café con leche. Y lo corroboré optimista días después, cuando entre las tetas del Bierzo, el castro de Columbrianos, y sobre la planta 27 de la torre de La Rosaleda, comenzó a asomar una sucesión de grietas en el horizonte de Piedrafita como un mirífico delta café latte ( en honor a Enel).

La parlamentaria socialista Ángela Marqués proclamó en las Cortes de Castilla y León que la del carbón autóctono es una guerra en la que no caben cascos azules. Estoy de acuerdo con ella. Me caen simpáticos los gallegos, me gustan los percebes y me enloquece la empanada casera de maíz con zamburiñas. Pero en este reino de taifas al que ha regresado España -"aunque por lo de lo políticamente correcto te puedan crucificar si discrepas del federalismo caníbal-" ¡que se jodan Feijoo y toda la recua!. Qué me importa a mí que en As Pontes y su contorno se queden mil tíos en la calle porque un día les contaron que tenían que adecuar sus centrales para quemar mineral de importación y gas y ahora se encuentran que el proyecto energético de este Gobierno es como el plano de las escaleras de la Rue del Percebe 13.

Estoy absolutamente de acuerdo con el PSOE en Castilla y León y en contra de ese PSOE gallego que sin embargo arropa al PP de Feijoo. Está claro que en la España de taifas no puede haber café con leche para todos sin consecuencias. Como las que acarreará esa nueva ronda que Zapatero sirve a las autonomías a cuenta del guiño a Cataluña. Pero que no me hablen tampoco después de solidaridad hipócrita. Que no me pidan que me alegre de que el AVE llegue muy prontito a León capital cuando es constatable que se acaban de dilapidar no sé cuántos millones de euros en un aeropuerto absurdo y descafeinado, y mientras, al Bierzo y a Ponferrada, se le arrebata la alta velocidad del futuro.

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