Diario de León
Publicado por
MARÍA ÁNGELA BERNARDO. ESTUDIANTE
León

Creado:

Actualizado:

P ertenezco a esa generación de jóvenes universitarios que a pesar de estar rondando la veintena hemos vivido en dos milenios, dos siglos y cuatro décadas distintas. De esas personas que hace apenas unos días deambulaban por las calles, en busca de un sitio en el Albéitar, con ojeras en el rostro y cansancio en las neuronas.

La mayoría de nosotros entramos en el colegio con cuatro años, haciendo dos cursos de Preescolar, seis de Primaria y ya en el Instituto, cuatro de Educación Secundaria Obligatoria (E.S.O.). Cuestión de siglas, ya saben. Somos parte de esa generación WTF (que no «what the fuck?»), jóvenes cuyas herramientas de información y ocio se basan en el uso de la Wikipedia, Twitter/Tuenti y Facebook. Con dieciséis años, comenzaríamos los dos cursos de Bachiller y de ahí a la Universidad. Educación preuniversitaria gratuita para todos, catorce años de enseñanza costead os por papá Estado y mamá Junta, con acceso a instalaciones deportivas, aulas u ordenadores. Sí, costeándonos los libros en septiembre, a no ser que tengamos la suerte de vivir en una Comunidad autónoma, que no es el caso, donde establecieron programas de préstamos gratuitos de libros de unos cursos a otros. Pero, continuando con la calculadora en la mano, ¿cuánto dinero ponen la Junta y el Estado, cuánto dinero ponemos todos, en ese inmenso esfuerzo económico tan loable y pocas veces reconocido (como en el caso de la Sanidad), para tener una Educación gratuita?

Sigamos con nuestra formación académica. Hemos acabado 2º de Bachiller, para luego hacer la Selectividad o P.A.U., ¿y luego qué? Elegir carrera, buscar Universidad y futura residencia, cambiando de ciudad en la mayor parte de los casos. Empezamos la titulación, con un coste de matrícula, supongamos que de mil euros anuales (sin contar libros y gastos derivados del nuevo alojamiento, transportes, comidas, etc.) En algunos casos, becados por el Mi nisterio de Educación, la propia Universidad o alguna otra Fundación. En muchos otros no, y aunque el precio de las tasas de matrícula siempre nos parezca excesivo, estamos aún lejos de lo que se paga en otros países (Reino Unido, Australia o Estados Unidos). Aunque la situación se invierte en otros Estados (ahí tenemos el ejemplo de Suecia, donde los estu dios de postgrado son gratuitos).

¿Y si acabamos la carrera y decidimos continuar nuestra formación? ¿Realizar un máster u optar acaso por el Doctorado? Becados, también. Por el Ministerio, la Junta, la Diputación o la Obra social de la Caja de turno. Sigamos estudiando, preparándonos, especializándonos. Teniendo la formación más elevada de cualquiera de las generaciones que ha pisado jamás este país. ¿Saben para qué? Para que «Merkel estudie ofrecer empleos cualificados a jóvenes españoles en paro». Para eso nos formamos, para eso todos pagamos impuestos. Con el objetivo de que luego Alemania, con una economía que creció un 3,6% en 2010, se lleve a los jóvenes formados de forma gratuita en su país de origen a trabajar. ¿Por qué? Porque aunque hemos invertido miles de millones en esa educación gratuita, nosotros, los jóvenes, no encontramos oportunidades en nuestra tierra. Y tenemos que emigrar, como antes lo hicieron nuestros abuelos, a la gran Alemania, que en lugar de perder el tiempo en promocionar a los cachalotes como especie protegida de nuestra Comunidad, se recupera otra vez del desastre económico de forma milagrosa.

Mientras tanto, aquí en España, los doctores trabajan de licenciados, los licenciados trabajan de técnicos o preparan oposiciones para que luego no haya suficientes plazas. Los menos afortunados son una cifra más en el titular del periódico o en la cabecera del telediario, formando parte de ese 30% de jóvenes en paro.

Sigue habiendo dinero público, sin embargo, para las pensiones vitalicias de los ex Presidentes, para los coches oficiales de los altos cargos o para las plazas asignadas «a dedo» para los familiares del alcalde de turno. Qué pena de país y qué pena que mientras otros hacen sus deberes y buscan aumentar su productividad económica creando empleo cualificado, otros e stemos todavía en las nubes buscándole tres pies al gato, sin que las cuentas salgan en nuestra calculadora.

tracking