Diario de León
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PEDRO VICENTE
León

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Está claro que esperar de los políticos sentido común, rigor y coherencia es un ejercicio inútil que conduce a la melancolía. Ya lo dijo Rafael Guerra «Guerrita», el legendario torero cordobés: «Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible». Ante lo cual el ciudadano puede optar por cabrearse (contraindicado para la salud), resignarse (contraindicado para la autoestima) o tomárselo con cierto humor. i hay un humor plenamente aplicable al tinglado de la farsa política española es el de los hermanos Marx, particularmente algunas de las frases atribuidas al genial Groucho. La de «estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros» define como pocas el camaleonismo político imperante. Ahora mismo oye uno los discursos nacionales que mantienen el PSOE y el PP y llega a la conclusión de que tienen los papeles absolutamente cambiados. El primero asegura, sin pestañear, que sigue haciendo política de izquierdas y el segundo critica medidas que sin duda aplicaría con toda convicción si estuviera gobernando.

Luego está el trasfuguismo personal, lo que toda la vida se ha llamado chaqueterismo, que repunta en estas épocas preelectorales de elaboración de las listas, en las que nadie se resigna a apearse del machito. Los partidos se habían comprometido a combatir esa lacra mediante el llamado pacto antitrasfuguismo, que ha funcionado mientras que los casos registrados eran de menor cuantía. Tan pronto han entrado en juego ayuntamientos como el de Benidorm, el acuerdo ha saltado por los aires. El interés partidista está por encima de todo y si el trasfuguismo nos beneficia, pelillos a la mar. En esto tanto los partidos como los trásfugas no se dan por aludidos ante otra de las célebres frases marxianas: «Jamás aceptaría pertenecer a un club que me admitiera como socio». A partir de tan aguda observación de la fauna, Groucho Marx construye su más concluyente sentencia política: «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados». A poco que miremos alrededor encontraremos políticos que se esfuerzan no poco en hacer cierta la aseveración. Zapatero lo clavó en lo de la crisis económica. Pero se pueden poner muchísimos otros ejemplos. Y cuando la responsabilidad de un problema está compartida entre partidos de distinto signo, el esfuerzo nunca se centra en resolverlo, sino en tratar de endosar el muerto al contrario. Valga como ejemplo el problema de la minería del carbón, en el que tanto el gobierno central -máximo responsable, desde luego- como la Junta, que se ha limitado a amenazar con balas de fogueo a las eléctricas, han dejado mucho que desear. Lo mismo puede decirse de la ganadería, otro sector que se desangra mientras ambos gobiernos, el central y el autonómico, se pasan la pelota.

Pase que los políticos sean incapaces de aportar soluciones pero lo que pasa de castaño oscuro es que constituyan en sí mismo un problema que dificulta cada solución..

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