FRONTERIZOS
La ciudad 2.0
S on fotografías de un universo analógico, de un tiempo en el que los alquimistas de la imagen, encerrados en sus oscuros laboratorios de sabios locos, extraían la realidad de las cubetas químicas y la congelaban para siempre en blanco y negro, en cartulinas que el tiempo iba amarilleando. Luego el papel se encogía sobre sí mismo, escondiendo en una posición fetal sus secretos, y se almacenaba en cajas de zapatos o en cofres de latón, ataúdes de la memoria que acababan en los saldos inú tiles de los mercadillos o en los desvanes polvorientos de la abuela. Son imágenes de un mundo en el que la fotografía exigía cierto dominio técnico, un poco de calma y un equipo complejo que no estaba al alcance de todo el mundo. La fotografía se reservaba para las grandes ocasiones familiares: una boda, la primera comunión, aquella fiesta de mantel sobre la hierba y empanada... Ahora la tecnología digital ha popularizado la fotografía hasta tal extremo que miramos las cosas con un click en el ojo pero de lo que hablo es de un tiempo en el que su uso, minoritario y restringido, aporta un extraordinario material documental sobre nuestro pasado más próximo.
Hace unos pocos meses se creó en una red social un perfil donde los particulares pudieran colocar esas fotos del Bierzo conservadas en los álbumes familiares. En poco tiempo, los cerca de cuatro mil miembros del grupo han reunido una espléndida colección de casi 2.500 imágenes entre las que se pueden encontrar muchas absolutamente inéditas que contribuyen a dibujar la historia de Ciudad del Puente. Una historia de trenes y humo, de carbón y barrios obreros trazados con tiralíneas, de chimeneas y de jardines racionalistas, de bares donde la guardia civil vigilaba el baile de las parejas y de cemento sobre el adobe del tiempo; de grandes obras públicas y de una piqueta ignorante que hizo escombros lugares que hoy echamos de menos sin haberlos conocido. También hay mujeres que venden verduras entre la niebla y niños con bata que acaban de cantar el «caralsol» y están aprendiendo a sumar sueños y a restar pesadillas; hay un trazado urbano que avanza en damero entre viñas y huertas hacia el ferrocarril o hacia el río, y en sus calles de polvo anuncian su mercancía los lecheros en bicicleta, los panaderos en mula, los heladeros en un carrito blanco-¦
El pasado analógico ha tomado así contacto con el mundo 2.0 y ahora el tiempo en imágenes de los alquimistas puede visitarse desde las ventanas caseras de la nueva magia que convierte las cosas en dígitos binarios. Y en una última pirueta, los creadores del perfil Facebook han realizado una selección para exponerla en la Casa de la Cultura de Ponferrada. La ciudad 2.0 salta otra vez al papel en la que nació.