La opinión del lector
Toño Vázquez
I nteligencia, intuición, generosidad, constancia, bonhomía, timidez y pasión por la perfección describen a Antonio Vázquez Cardeñosa, Toño. Un gran amigo que nos dejó recientemente en su querido León, después de una larga y penosa enfermedad vivida, como todo en su vida, con una actitud ejemplarizante.
Tenía 58 años. En estos días, he oído decir que ha sido una vida frustrada por una muerte joven, pero lo cierto es que la intensidad de estos años como emprendedor, empresario, visionario, mecenas y, sobre todo, su compromiso personal en todo lo que hacía ha conseguido convertir una corta existencia en una larga vida de éxitos, ejemplo y buen hacer.
Toño entendía la vida como un todo, no le atraía lo más mínimo la oportunidad y el interés. Su único y verdadero interés era su familia, su trabajo, sus amigos y su querido León.
Desgraciadamente, se nos ha ido una persona irrepetible que durante su enfermedad, con su ejemplo y valentía, ha hecho la mejor representación de su personalidad. Sus últimos años fueron vividos a modo de una obra escrita para imprimir esa huella que sólo dejan los grandes hombres. Y la huella que ha dejado ha sido tan profunda, que permanecerá inalterable en todos los que participamos de su amistad. Ha sido un verdadero regalo conocerle y ser su amigo. Nos ha dejado un excelente ejemplo de vida: buen hijo, buen marido, buen padre y buen hombre con mayúsculas. Los suyos también han sido un ejemplo de lo que es una verdadera familia, acompañándole durante estos casi cinco años con todo su cariño y manteniendo una entereza que, en un proceso tan largo y doloroso, hubiera hecho desvanecer casi a cualquiera.
Su mujer, nuestra querida Mamen -Calera, como le gustaba llamarle cariñosamente a Toño- ha sido su sombra, como también lo fue durante toda su vida. Le ha ayudado hasta en los más mínimos detalles que la enfermedad requería, y lo ha hecho con cariño y con la ilusión de la mujer enamorada. Mamen ha demostrado un contagioso optimismo a todos los que le rodeábamos, haciéndonos creer incluso que las cosas iban mejorado día a día.
Sus hijos, también han sido un ejemplo para los nuestros. Vanesa, María, Puli y Armando, quienes han sabido relegar su juventud y sus ganas de disfrutar la vida a un segundo plano para acompañar y ayudar a Toño, no como un sacrificio sino con la naturalidad propia de la buena gente, como lo era su padre. A su padre, Antonio, su madre Mari, su mujer, sus hijos es de justicia agradecerles que hayan permitido que sus amigos hayamos podido disfrutar del mejor Toño estos últimos cinco años.
Te pueden quitar lo que recibes, pero nadie te puede arrebatar lo que tú das. Siempre en nuestro corazón, descansa en paz Toño.
Emilio Novela Berlín. LEÓN