La guerra, la paz y los dragones
Cuando éramos niños nuestros padres toleraban que viéramos películas del Oeste -americano, nat uralmente- y en general cintas de buenos y malos, con puñetazos de los que siempre salía vencedor el chico valiente, y emocionantes persecuciones de la Policía a los criminales, en clave Elliot Ness. Los finales de las «pelis» solían poner en el lugar debido todo lo razonable y omnímodo de la Ley; la humana y la divina. Preocupaba en muchas familias que todo esfuerzo intelectual, ético y espiritual, coadyuvase a la misión de formarnos humana y socialmente. Esto es, que creciésemos en un clima moral de Valores.
Me vinieron a la mente estos recuerdos el pasado día, al salir de los Van Gogh, después de haber contemplado la película Encontrarás dragones . Recapitulando, recapitulando, convine conmigo mismo que esta obra de Roland Joffé (el prestigioso director de filmes como La Misión y Los gritos del silencio ) era también portadora de una larga teoría de virtudes humanas y espirituales -pese a que él se manifieste agnóstico- nada ajenas al amor y la ternura. Lo que no impidió que el guión se plasmase en acontecimientos y sucesos espeluznantes. Horrorosos, en el caso de nuestra Guerra Civil, y sin embargo memorables y tocados de heroísmo.
Uno de los méritos de la película radica, a mi juicio, en la técnica y el ritmo de su filmación. Joffé ha cogido (con planos armónicamente mezclados en transposiciones de flash beack) el timón de la nave con una dura descripción plástica y un realismo espectacularmente explícito. Nada de decorados de quita y pon; nada de cartón piedra. Ni los escenarios pierden verosimilitud, ni dignidad y grandeza los personajes interpretados. Hay, no obstante, en Encontrarás Dragones , algo imaginativo y complementario. Más de orden estético y exigido por la técnica cinematográfica actual, que por una paliación del rigor de los hechos históricos.
En una buena parte -no la más larga- del discurrir de la película se decanta y concreta, con verismo sobrenatural, el «papel» del Fundador del Opus Dei. Y ya metido Roland Joffé, con su «pilotaje», en otra nave del recurrente mar del amor -esta vez humano-, hace acto de pr esencia la relación afectiva de dos seres, atormentados por un sino desdichado Después, se abre la elipse particular, de una vieja amistad entre Josemaría Escrivá y Manolo Torres-¦ Y cada uno sigue su camino. Alberto Fijo nos ha recordado las palabras del Josemaría Escrivá de entonces, luego sacerdote y Fundador del Opus Dei: «No necesité aprender a perdonar, porque Dios me enseñó a querer» (...).
E inmediatamente llegó, en su tiempo y espacio, el enfrentamiento armado dos veces doloroso: por civil, y por cainita. Incomprensiones, odios y apelaciones sangrientas en una época a la que queremos ida, definitivamente, con la ayuda del Señor, pero que hirió gravemente el ser, la esencia de España. Hasta ahora no había visionado yo una obra cinematográfica, sobre la guerra del 36/39, tan prolija en detalles amargos, solamente suavizados, tal vez, por el ingrediente del amor. Joffé expone su visión personal: «En ocasiones (como las de aquella guerra) pueden alzarse los dragones que conducen a una espiral de odio o violencia; o ser dominados éstos por una respuesta basada en el amor y el perdón, respaldada por las convicciones religiosas». Encontrarás dragones trata sobre el perdón, sí. Y sobre saber ponerte en la piel del otro. Y luchar por ser humilde, para salir de ti mismo y ser capaz de lograr la reconciliación».