Diario de León

FUEGO AMIGO

El salón de los pasos perdidos

Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

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L a escritura de Andrés Trapiello, que ayer recibió el Premio Castilla y León de las Letras, no se resigna al formato de los géneros actuales, de manera que no resulta del todo infrecuente encontrar poemas en sus diarios, relatos en sus versos, lírica en sus ensayos o deslumbrantes aforismos en la textura de sus novelas. Quiero decir con esto que Trapiello es un creador singular y poco convencional. En realidad, su andanza solitaria resulta inusual en una literatura grupal e incluso gregaria, donde cada cual procura arrimar el ascua a su cuadrilla. Quizá por eso, para combatir el desamparo que siempre conlleva el ir por libre, Trapiello aúna en su perfil al poeta y al novelista, al tipógrafo y al editor, al ensayista y al generoso confidente, que desde 1987 ordena la cadencia anual de sus diarios en esa obra magna de la literatura contemporánea que constituyen los diecisiete volúmenes del Salón de pasos perdidos . Hace un par de años se publicó el homenaje de sus lectores, que encabeza un texto de Delibes.

Precisamente, el aldabonazo del premio me ha llegado leyendo Apenas sensitivo, el diario que acaba de publicarse esta semana. En ese territorio de reflexión y confidencia, del relato de la gris cotidianidad, alcanza Trapiello su mejor registro. Escritor de obra amplia y contrastada, traducido a catorce idiomas, ha cosechado premios importantes dentro y fuera de España, desde el Nacional de la Crítica por su libro de poemas Acaso una verdad (1993), a la distinción de sus novelas Al morir Don Quijote (2004), como la mejor del año en España y mejor novela extranjera en Francia, y Los amigos del crimen perfecto (2003), como mejor novela extranjera en China. La tinta simpática (1988) fue su primera novela; siguieron El buque fantasma (premio Plaza y Janés), La malandanza, Días y noches, Los amigos del crimen perfecto (premio Nadal), Al morir Don Quijote y Los confine s.

Ensayista singular y polémico, de obra plural y abundante, desbrozó en Las armas y las letras el proceloso capítulo de la literatura durante la guerra civil, mientras en Clásicos de traje gris (1990) rescataba siluetas de escritores desvaídos y en Las vidas de Miguel de Cervantes nos acercaba la figura del escritor que, de vivir ahora, nunca recibiría el premio Cervantes, porque se lo darían a Lope. Como editor, dirigió Trieste y actualmente La Veleta , de Granada, además de numerosos catálogos y publicaciones singulares. Ha sido pionero en el rescate de personalidades y obras orilladas: Manuel Machado, Unamuno, Bergamín, Sánchez Mazas, Ramón Gaya, Gutiérrez Solana o Leopoldo Panero. La serie compilatoria de lecturas que ha bautizado como Los desvanes suma ya trece volúmenes y ofrece la sorpresa de frecuentes revelaciones.

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