Diario de León
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Carmen Busmayor. león Marta Román. león
León

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El padre de Mestre

U na lluvia muy menuda lloraba sobre Villafranca mientras con un gris cansado se despedía el domingo y con él un hombre humilde llamado Emilio Pérez Arias, entregado con tenacidad al mirífico oficio del pan, como su padre, como su abuelo.

Se iba en silencio. Desde el prolongado silencio en que se había convertido su vida en los últimos años atravesada con ahínco por la enfermedad.

Y el poeta con el corazón herido lloró. En su llanto hablaba un padre bueno. Por eso lloraba el poeta. Por eso, por un padre bueno que siempre lo amó sin remedio. El poeta, llamado Juan Carlos Mestre, que ante la insolvencia de las estrellas para protegerlo de la orfandad hizo suyos los versos de Kavafis: «Lloro por mi padre, aquel buen viejo / que siempre me amó; / por mi padre, aquel buen viejo / que ha muerto antes del alba».

Por su padre, Emilio el del horno, lloró el poeta del Barrio del Otro Lado. Por su padre, hacedor de barras pálidas y bien cocidas, hogazas nunca apalambradas, siempre atento a la alegre muchachada villafranquina que llegaba a su horno con maternos recados como: Señor Emilio, ¿a qué hora va a rojar el horno para traer la empanada?.

El señor Emilio, el panadero que con sus amigos cazadores leía el monte con gozo se fue, en sigilo, porque como había dicho León Felipe la tierra y el pan y la luz ya no eran suyos. El poeta lo sabía. Lo sabía. Por eso lloró el poeta que cantó a Keats con el mismo fervor que a sus antepasados. Lloró con su madre Esperancita Mestre, con Ana y con Alexandra. A su lado caían otras lágrimas. Era un día de primavera. Los cerezos aún no estaban en flor. Atestada de vacío una casa vecina a la Colegiata con insomnes ventanas vencidas por la tristeza en donde ahora pasa el tiempo estremecido y la noche se postula como una carta abierta con un beso de despedida.

Detengo las palabras, no el corazón.

Obras sin rematar

L as rotondas de Álvaro López Nuñez han quedado muy bonitas y prácticas. Pero las obras no se han rematado. Antes existían cuatro contenedores enterrados enfrente de lo que ahora es la rotonda de la Avenida Asturias, en Odón Alonso. Los contenedores eran de papel, vidrio, envases y orgánico. El problema es que han desaparecido y se ha procedido a rellenar los huecos que ocupaban, pero en su lugar, se ha ubicado un único contenedor verde orgánico para dar servicio a todos los bloques de Odón Alonso y López Núñez. Somos muchos vecinos, que de repente, no tenemos donde depositar la basura reciclada. Y el problema, es que este punto de recliclaje, casi siempre se llenaba. ¿Dejamos el reciclaje junto al contenedor o les llevamos las bolsas al Ayuntamiento? Quizá los vecinos se planteen tirar todo al mismo sitio y todas las campañas del Ayuntamiento, no habrán servido de nada.

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