Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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D e él no se puede decir eso de «¿Dónde va Vicente? donde va la gente», pues es al revés, la gente va siempre donde está él. Hablamos, por supuesto, de Vicente del Bosque, nuestro seleccionador nacional de fútbol. Y el don que empleamos todos al citarlo por el nombre, nada tiene de formulismo o forzado escalafón, sino que irrumpe espontáneo desde ese corazón colectivo desde el que los españoles bombeamos nuestras admiraciones compartidas. Ahora abunda el famoseo, pero lo de este seleccionador es fama con ejemplaridad. Don Vicente estuvo esta semana en León, participando en la presentación del último libro de José Luis Gavilanes, «¿Qué fue de Joaquín Heredia?», sobre un seleccionador nacional ejecutado en esta tierra durante los primeros meses de la guerra civil. Con ellos estuvieron, Javier Rodríguez y el editor Martínez Reñones. Fue un acto sencillo y hermoso, en el Hostal San Marcos, cumpliéndose así una misteriosa justicia poética.

Don Vicente proyecta la sensación de buena persona, como otros tienen en su rostro la expresión de «hiena después del cuarto vermú», que diría Muñoz Seca, también ejecutado durante la guerra civil, pero por el otro bando. A nuestro seleccionador no se le quiere solo como responsable estratégico de la gran victoria del Mundial 2010, sino porque percibimos que seguiremos queriéndole también en las derrotas, algo reservado a muy pocos. No sólo le admiramos por su logro deportivo, sino la forma de obtenerlo. En tiempos en los que el éxito va demasiadas veces vinculado a la crueldad y al cinismo, tal caballero y -a la vez- escudero reconforta con su «fair play» nuestra españolidad. Se palpaba la ternura que despierta, con su aspecto de hobbit grandón.

Una sociedad queda reflejada en su concepción del heroísmo. Y afortunadamente, no todo en España es zafiedad, princesas boina y macarreo salvador. Don Vicente pertenece a la estirpe del sheriff de «Solo ante el peligro», con la ventaja de que no está ni estará solo. Este salmantino ha sido forjado con los materiales humanos con el que se hacen las leyendas que son ciertas. Los leoneses abarrotamos el salón del Hostal para escuchar sus sencillas palabras y respetuosos silencios sobre Joaquín Heredia. Un lujo.

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