Diario de León
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CAMINO GALLEGO
León

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El pasado jueves en estas páginas escribía Julia Navarro un comentario titulado «Que me apunten» que suscribo totalmente. Se refería la conocida periodista y escritora a la carta que la Federación de Asociaciones de la Prensa ha puesto en circulación buscando firmas para denunciar «la limitación al derecho a informar que estamos sufriendo los periodistas».

Suscribo especialmente el párrafo: «En mi opinión, los periodistas deberíamos levantarnos y marcharnos directamente cuando nos anuncian que en una rueda de prensa no están permitidas las preguntas». Hace mucho tiempo que a este tipo de actos yo les llamo «ruedas de molino», porque es lo que son en vez de ruedas de prensa. Son de molino porque nos quieren hacer comulgar con ellas. Si lo que quiere el convocante de la rueda informativa es hablar él solo, manda una nota con su perorata y se acaba el tema. Pero como lo que busca es que pongamos en nuestra boca sus palabras, porque piensa que así es más creíble, entonces no debemos permitir que nos deje con las incógnitas que tengamos.

La buena prensa que tienen las ruedas de prensa se fundamenta en que en ellas cada uno pueda preguntar lo que quiera y es potestad lógica del preguntado responder o no. Porque está claro que hasta las preguntas inadecuadas pueden hacerse y si no se contestan es lícito que el lector lo sepa y eso le ayude a formar una opinión. Que es de lo que se trata.

Cuando empecé en esta profesión apenas había ruedas de prensa. Era algo que llegó con la transición. Y entonces cuando había alguna todos los periodistas inquiríamos lo que nos parecía más interesante. Sin embargo es cierto que en los últimos años he visto ruedas de prensa en las que apenas se pregunta, como si nuestra misión fuera simplemente escuchar lo que quieran decirnos y transmitirlo. Si la prensa fue alguna vez el cuarto poder en este país, y creo que lo fue, se debió a que los periodistas no nos conformábamos con lo que quisieran decirnos. Preguntábamos y resultábamos incómodos, porque esa es también nuestra tarea, ya que debemos estar alerta para que los poderes públicos no se acomoden y se duerman en los laureles. «Si se calla el cantor, se quedan solos los humildes gorriones de los diarios...» cantaba Mercedes Sosa. Ahora no hay cantautores que azucen y los gorriones de los diarios comen demasiado alpiste. Y así nos luce el pelo.

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