Diario de León
Carlos Fidalgo
Ponferrada

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Su hijo tiene glucogenosis. La glucogenosis es una rara enfermedad genética que infla el hígado de glucónego y dependiendo del tipo, puede resultar más benigna o puede obligar a un trasplante.

Luis Evaristo García, que fue minero en Colinas del Campo y ahora trabaja como pintor en Cuatrovientos, ha pasado muchas noches de vigilia junto a su mujer Leonor Fernández, los dos pendientes de su hijo mayor, de su tripa inflada, de sus vómitos de madrugada. Después de muchas noches y muchos días sin saber a lo que se enfrentaban, sin que la medicina pública acertara con el diagnóstico, ya saben que la glucogenosis de su hijo no es de las peores. Y que remitirá en la adolescencia.

Para ayudar a que otros padres sepan qué dar de comer a sus hijos con glucogenosis, con qué frecuencia, de dónde viene la enfermedad, por qué se hereda y qué consecuencias tiene, Luis Evaristo ha decidido sacar de un cajón los poemas que comenzó a escribir cuando trabajaba en las minas de Igüeña y reunirlos en un libro que ha titulado El cantar de las puntalas . El libro se lo ha llevado a una editorial de Ponferrada y lo ha vendido en la reciente Feria del Libro para recaudar fondos destinados a la asociación de enfermos de glucogenosis. Luis Evaristo, que ha tenido que recurrir a la buena voluntad de los investigadores de una universidad norteamericana para recibir el estudio genético que le ha dejado más tranquilo sobre la evolución de la enfermedad de su hijo -la Seguridad Social no lo financiaba- ha querido llamar la atención sobre la glucogenosis. Sobre la odisea que ha vivido con su mujer, en medio de diagnósticos precipitados, retrasos injustificados, y de una angustia que no les ha dejado dormir durante demasiadas noches. Y lo ha hecho con versos.

Luis Evaristo no es poeta. O sí. Luis Evaristo tiene en los ojos una mirada que me recuerda a la de Miguel Hernández -que guardaba cabras y pulió su talento leyendo a los clásicos- en aquel famoso dibujo a carboncillo que Antonio Buero Vallejo hizo del autor de Orihuela en la cárcel. Quizá Luis Evaristo tenga que leer más poemas, rimar menos versos. Pero nadie puede negarle el aliento que sólo se encuentra en los poetas sinceros. Porque a la poesía le sobran impostores, e impostados, y le hacen falta más pastores de cabras y más mineros que sepan dar buenas puntalas .

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