LA ASPILLERA
Pie cambiado
Mientras la palabra democracia empieza a cobrar sentido en esas improvisadas ágoras ciudadanas que, como en Botines, salpican los centros de las ciudades, los partidos siguen en las catacumbas. Ahí los tienen cambiando cromos en cónclaves sigilosos o aplaudiendo a los derrotados porque han tenido la supuesta gallardía de 'continuar pese a todo'. Como si una dimisión que reconoce un sonoro fracaso no fuera gallarda y hasta aconsejable en los tiempos que corren necesitados de mensajes inequívocos y valientes.
El PSOE, aquí también, se pegó el gran batacazo porque el PP aprovechó el inesperado maná del creciente desconcierto entre las fuerzas progresistas de la sociedad. Desconcierto y hartazgo que han desembocado en ese movimiento insólito que ha llevado el debate vivo e intangible de las redes sociales a la plaza pública. De repente los -˜twitteros-™ cerraron el ordenador, se vieron las caras, atrajeron a los ciudadanos que aún no han perdido del todo la capacidad de pensar y todos llevan varios días empeñados en darle sentido real a lo que hoy no es más que un desiderátum en una pancarta: -˜otro mundo es posible-™. Como dice José Luis Sampedro, -milagro joven de honestidad y mente clara-, no sólo es cierto que otro mundo es posible sino que es seguro que vendrá ese otro mundo necesariamente mejor. Otra cosa es encauzar el camino hacia esa nueva sociedad.
Ante esta realidad fresca y efervescente, ante esta esperanzadora vuelta de los jóvenes a la participación y al debate político real, ¿qué ofrecen los partidos al uso? Nada, siguen con el pie cambiado, se asoman por detrás de las cortinas a esa realidad de democracia viva que los pone en cuestión. Incapaces de bajar a esa arena, da la sensación de que el objetivo fuera engullir ese movimiento ciudadano, fagocitarlo. Pero no parece que lo vayan a conseguir. Este es un curioso y fascinante país que suele ir del todo a la nada. Del ostracismo, de la inacción y la enfermiza apatía se ha pasado al entusiasmo. Una sensación como de fiesta, de reconciliación ciudadana, como de que no todo está perdido, se palpa estos días paseando por Botines y la calle Ancha. Quizá ha llegado el momento de pensar y moverse, de poner contra la cuerdas esquemas que ya no sirven, de no aceptar todo lo que se nos dice. Y otros deberían preguntarse a quién representan.