EDITORIAL
El Inteco ya no es referencia en seguridad
Nació oficialmente el septiembre del 2005, cuando el Instituto de las Tecnologías de la Comunicación (Inteco) abrió su punto de encuentro —así se llamó entonces— en el otrora edifcio del Banco de España. Pero fue realmente casi un año después, en junio del 2006, con la llegada de Enrique Martínez a la dirección general del centro, cuando el Inteco recobró fuerza y comenzó su despegue. A partir de esas fechas se sellaron los convenios y comenzaron a aterrizar empresas, primero en la sede provisional del Instituto en el viejo edificio de Telefónica en el Polígono 10 y más tarde en la definitiva, que se construyó en La Lastra y que recibió a los primeros trabajadores en marzo del 2008.
El asalto de los hackers y el robo de más de 20.000 datos personales de otros tantos usuarios no puede quedarse en un simple ataque hackeriano, porque no se ha producido en un centro cualquiera. Los hackers han hecho añicos la seguridad informática de quien nació como el principal defensor de esa seguridad. El Inteco es el «centro de referencia» de seguridad en Internet. Así es como lo han definido, en no pocas ocasiones, desde el propio Ministerio de Industria, pero este asalto deja muy malparado al centro. No se puede ser un baluarte en el sector, dar clases magistrales sobre cómo lleva a cabo esa seguridad y, a la vez, no preservar su propia red de los hackers.
Desde el sector de las tecnologías de la comunicación ya se había alertado de la cada vez más escasa actividad que este centro de referencia estaba llevando a cabo en los últimos años, sobre todo con el cambio de rumbo tras el relevo en la dirección general. El Inteco nació como referente de las tecnologías de la comunicación y con la clara intención de convertir a León en uno de los epicentros de la innovación. Después, el centro dirigió sus pasos hacia la especialización en la seguridad en Internet, algo que a la vista de este ataque ha perdido. El Inteco ya no es el referencia en seguridad y lo que es peor va camino de convertirse en centro inerme y con una actividad meramente testimonial. Aún están a tiempo de reaccionar.