Diario de León

FUEGO AMIGO

Tiempo de espera y conjeturas

Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

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Dicho en plan institucional, asistimos al arranque de la octava legislatura autonómica. Traducido a lenguaje paladino, estamos en jornadas de rumores y conjeturas. Haciendo y deshaciendo una quiniela sobre cuyo resultado sólo caben especulaciones. Amortiguados a medias los efectos de las urnas, que repartieron decepción y euforia en lotes crecientemente desiguales, el protocolo manda empezar la labor por el principio. Y así vamos pasando los días. No sin sorpresas y algún sobresalto, como el encuentro gastronómico de los presidentes en Castroverde de Campos. Este es el tiempo (apenas diez días) en que el protagonismo político reside en las Cortes. Primero, por los descartes que desvela la constitución de sus órganos de gobierno. Un trámite cansino que debiera revisarse en el reglamento, porque tal como está echa para atrás al más adicto. No puede ser que en los tiempos que corren se reiteren hasta tres votaciones con papeleta y por llamamiento. Total, para llegar a un tanteador cuyo resultado clava de antemano hasta el más distraído. En medio de semejante muermo, los alicientes se reducen a interpretar las caras de los afectados. Ver qué saludos o desplantes se producen entre los adversarios (que de todo hubo) y descifrar visos de satisfacción o berrinche en los semblantes. También hay tiempo para los numeritos. En este caso, la jura y desdén con el colgante por parte del procurador leonesista Valderas. Ocurre que nos pilla curados de sorpresas, porque no es el primero. Suelen llegar con esos aires para despedirse entregados a la causa, después de romper lazos con su partido por quién administra el momio.

Los padres del Estatuto quisieron que los procuradores no percibieran un sueldo por serlo, al parecer con la voluntad de mantener a cada cual arraigado en su feudo, facilitando un contacto más estrecho y directo con los electores. Como compensación, se arbitró la fórmula de retribuir con dietas las asistencias, asignando a los grupos parlamentarios una dotación para su funcionamiento. Ignoro el ahorro que conlleva este procedimiento, pero su práctica durante siete legislaturas ha puesto de manifiesto, por una parte, la quiebra del objetivo básico, y por otra, un repertorio picaresco nada acorde con la solemnidad de la institución. Ojalá esta vez no se repita. Pero todo este menudillo parlamentario no logra distraer la atención de la quiniela del gobierno, que es lo que importa. Ni siquiera se esperan novedades de la ceremonia de investidura, porque el programa gobernante ya es bien conocido y todas sus medidas han sido convenientemente jaleadas en campaña. Lo que verdaderamente intriga en este momento es conocer la alineación. Pero en este terreno, ay, Herrera resulta indescifrable.

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