Diario de León
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Los árboles

D ice la leyenda, que en España, cuando aún no había tomado el nombre que tanto nos agrada nombrar, miles de ardillas podían cruzar de Norte a Sur, de Este a Oeste sin apearse de los árboles debido a los millones de distintas especies que poblaban nuestro suelo. Hoy, viendo que los espacios arbolados han dejado sitio para el cemento y las plantas necesarias para adquirir el nombre de «jardines o parque» son bien recibidos, recuerdo, siendo niño, cómo detrás del señor maestro plantábamos el arbolito que nos era entregado para que, cada año, fecha y lugar volviésemos a enterrar las raíces en lo que comenzaba a conocerse como jardín. Pero el árbol se poda para que se haga fuerte, o se corta, a veces, para utilizar su madera. Otras veces, se unen varias especies y al amparo de la sombra que proyectan es utilizado para, aprovechando el lugar, necesidades humanas que, con decencia y educación, pueden hacerse en lugar donde el desprendimiento oloroso repugnante deje de mortificar un conjunto de viviendas que, no aceptadas sus quejas, por las personas responsables que piensan que por tratarse de seres vivientes, como lo fueron en tiempos las ardillas, mantienen «a cal y canto» la creencia de que dos árboles de poca sombra y un arbusto son seres necesarios para lo que vienen siendo utilizados.

Piense, la Concejalía de Medio Ambiente si yo, como visor, o la señora viuda, como sufridora directa, tiene que mantener con escasa ventilación su morada por los siglos de los siglos en la manzana (en obras) de Pinilla, calles Esla, República de México y San Ignacio de Loyola.

Santiago F. Benavente y Valencia. SAN ANDRÉS

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