Diario de León
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León

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Otras formas de censura

Por qué la Secretaria de Igualdad critica a un periódico por publicar fotos que a los personajes que las provocan no les ha importado en absoluto protagonizar? Para que una mujer o un varón sean respetados han de comenzar por respetarse a sí mismos. La carta de la Secretaria nos hace pensar en una censura y un paternalismo de los que llevamos décadas huyendo. Pienso que los esfuerzos de la, sin duda bien intencionada, defensora deberían orientarse, más que a los gestos a los hechos. Tal vez, sus múltiples ocupaciones no le hayan dejado tiempo para reflexionar sobre el tipo de sociedad que estamos propiciando. Una sociedad que después de conocer de sobra las presuntas inclinaciones depredadoras del señor Strauss-Kahn, aún se cuestionaba si presentarlo como candidato a la presidencia francesa. Una sociedad que alecciona a las jóvenes para que no defrauden a sus parejas con un ‘no’ absolutamente anacrónico y que, además, para no molestar demasiado al machito de turno, deben aprender a controlar por sí solas su fecundidad. De no comportarse como se espera de ellas son tachadas de ‘estrechas’ o ‘frígidas’, los mayores insultos que nuestra sociedad machista se ha inventado para someter definitivamente a las mujeres a sus caprichosas pulsiones. El ‘no’ es una palabra que ha de ser desechada del vocabulario femenino, si no quieren que se las condene al ostracismo o que, yendo más allá, las maten. Quizás sería conveniente que nuestra flamante Secretaria de Igualdad se ocupara de la educación de nuestros jóvenes, quienes, ya desde la escuela, ven a sus compañeras como inferiores, cuando no como simples objetos de uso.

A lo peor, ahora, para frenar una absurda borrachera de libertinajes, protegidos y orientados desde los poderes, lo único que se nos ocurra sea pedir a los medios de comunicación que lo silencien, al igual que hacemos con la prostitución. Negamos su existencia, cerrando los ojos a los arcenes de las carreteras o a muchas de las calles de nuestras ciudades. No regulamos el vejatorio comercio porque no estamos dispuestos a admitir que existe. Por tanto, con la buena voluntad de los medios, que eviten hacer fotos de muchachas semidesnudas ofreciendo sus servicios, y nuestro mirar hacia otro lado si pasamos junto a ellas, el problema desaparecerá. Esa es la nueva filosofía del optimismo idiota que, como ya dije en otra ocasión, nos apresuramos a copiar del modelo americano.

Ara Antón, escritora. LEÓN

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