Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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El debate se intensifica. ¿En plena crisis, los políticos deben cogerse vacaciones? Para ser justos, cada caso ha de ser valorado aparte. La necesidad de descansar implica que antes ha habido alguna actividad agotadora, más allá de jugarse el café a los chinos o contar chistes en los pasillos. Todo cansa, se me dirá. Sí, pero no todos los cansancios son igual de respetables. Por ejemplo, conspirar cansa una barbaridad, pero más que trabajo es bricolaje, se hace por vicio, como los puzzles. También Drácula hay noches que llega agotado a casa.

Antes, un ciudadano se iba de vacaciones y dejaba sus preocupaciones colgadas del perchero. Una vez en su destino, lo más parecido a una reflexión sesuda que pasaba por su mente era: «¡Qué bien canta Georgie Dann!». Hoy, ya no se puede desconectar tanto. Entre chapuzón y chapuzón, cavilación. El cerebro no puede cerrar por vacaciones, pues la crisis no veranea. Por ello, lo importante no es estar aquí o allí, sino cómo se está. Arquímedes exclamó su «¡eureka, lo encontré!» en la bañera de su casa, o sea, cuando descansaba. Si a él un baño reparador le dio tanto de sí, ¿por qué no ha de encontrar el alcalde de Villaquilambre, pongamos por caso, la solución a la millonaria deuda municipal mientras se hace unos largos por el Caribe? Lo que ha de contar es el genial hallazgo, sea en su despacho o en una tumbona playera.

Y siempre sin ostentar. Al ciudadano que no ha podido marcharse de vacaciones y desde el sofá contempla en la tele una imagen de un bronceado político bailando en una discoteca marbellí, con cuatro señoritas nórdicas en top less, es comprensible que le entren sudores. Tampoco hay necesidad de poner los dientes largos. Pero ¿y si el susodicho no estuviera divirtiéndose, como parecía deducirse de su expresión y contoneo, sino en la ardua tarea de captar capital extranjero? Ya en serio. La eficacia de un buen profesional, incluidos los políticos, se nutre de varias clases de entregas, en las que han de estar incluidas la familia, los amigos, la diversión, la propia paz interior, todo aquello que ayuda a pensar más y mejor. Hasta Dios necesitó un descansó tras seis días de intenso trabajo. Eso sí, Él estuvo siempre localizado en el móvil.

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