Diario de León
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josé a. balboa
León

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Camino del sur, frente a la imponente iglesia del toledano pueblo de Orgaz observé, hace más de una semana, una multitud de jóvenes de numerosos países, que enarbolaban banderas de Australia, Francia, Polonia, Venezuela, Colombia y España. Eran chicos y chicas muy jóvenes que, alegres y sin complejos, vitoreaban a Benedicto XVI, y gritaban ser la juventud del Papa. No fueron los únicos que en mi recorrido pude admirar en otros pueblos y ciudades, acogidos por las diócesis de Ciudad Real y Jaén, hasta que el pasado jueves, con el Papa en Madrid, se fueron a recibirlo a la villa y corte. Nada diferente a lo ocurrido en otras muchas parroquias de toda España, en las que fueron acogidos los que participaron en la JMJ—2011 este largo fin de semana. En Granada conocí los incidentes en Madrid contra jóvenes católicos, protagonizados por pequeños grupos ligados a los residuos de lo que un día fue el movimiento del 15M.

Esos incidentes son anécdotas frente a la buena acogida que les han dispensado las familias españolas, felices de tener cerca a esos jóvenes educados y de vitalidad desbordante. Los incidentes sólo muestran el talante antidemocrático de algunos y una fobia a la religión católica solo comprensible desde la patología o la insania, que de todo hay. Ya se sabe que en España —se lo recordaba a un incrédulo amigo de departamento cuando comenzó el 15M— las protestas políticas tienden a ser desviadas hacia la Iglesia, dado el anticlericalismo prendido en pequeños sectores de la sociedasd. Más grave son las justificaciones de algunos partidos, cuya idea de la libertad es profundamente totalitaria (no por Rousseau sino por el trágala liberal); y sobre todo la pasividad y permisividad del gobierno, pero a eso ya nos tiene acostumbrado el sectarismo zapateril, y así le ha ido.

Me imagino que debe de ser terrible y traumático ver y contemplarse en el espejo y comparar juventudes. Es abismal la diferencia –el silencio de más de un millón de personas en Cuatrovientos durante la misa del sábado lo demuestra—; pero la diferencia no se observa solo entre jóvenes católicos y la escoria del 15M, sino entre los jóvenes revolucionarios de ayer y los sedicentes de hoy. Si uno piensa en la ética que animaba a los grupos revolucionarios, equivocados o no, de otros tiempos y la compara con la actual desorientación de la juventud, que nutre ese movimiento y a algunos partidos, uno se echa a temblar. Un ejemplo lo hemos visto recientemente en los disturbios vandálicos de algunas ciudades de Gran Bretaña. De aquellos polvos vienen estos lodos, pero algunos, y no me refiero a las personas sino a los partidos, prefieren estos lodos, regodearse en el fango y decir que eso es el progreso. Prefiero la juventud del Papa.

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