Diario de León
Publicado por
MARGARITA TORRES
León

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Que no se asuste nadie, que no me refiero todavía a Rajoy, ni a Rubalcaba, ni a Tomás Villanueva o Isabel Carrasco, aunque todos tengan en común el viejo lema vital de Iznogoud el visir: «Quiero ser califa en lugar del califa».

Su creador, el gran dibujante sueco de comics, Jean Tabary, acaba de morir a los 81 años. Junto al genial Goscinny, idearon un personaje, un tiempo, unas aventuras destinadas a dar la vuelta al mundo y quedar para siempre grabadas en las mentes de quienes, década arriba, década abajo, comparten generación con quien teclea. En ellas, un califa de Bagdad de nombre Harún el Pussah, gordito, sin sustancia pero amado por el pueblo, Allah sabrá por qué, gobierna. Tal vez porque el pueblo, sea esta entidad lo que fuere, prefiere ser regido y no enterarse mucho hasta que le tocan no las narices, sino el bolsillo; no opina cuando le roban derechos sociales, pero sí cuando los bancos no le regalan la tele de plasma por domiciliar recibos; no se molesta si le tiran del bocado con suavidad o si el jinete que le hinca las espuelas al costado le sonríe mientras le acaricia el lomo antes de las elecciones. Todos, en el fondo, prefieren un gobernante como Harún el Pussah, de buena cara ante las circunstancias, rasgos suaves y aire en vez de cerebro.

En el otro extremo de la historia de Tabary y Goscinny se sitúa el visir del califa, de nombre Iznogoud. Chascarrillo fácil que nace de la unión de tres palabras en inglés: is not good. Dicho en castellano: el que no es bueno. Quienes echamos los dientes de leche leyendo comics nos preguntábamos si Iznogoud era perverso por su carácter de político segundón, por su aspecto físico deleznable, por canijo, chupado y chiripitifláutico o sólo porque debía parecer el alter ego de Harún, tan blandito él. Mas lo cierto es que, siempre a la sombra del trono, anhelaba ocuparlo. Tal vez para ser amado como el líder, puede que para gobernar a los vasallos tiránicamente, o, simplemente, para imponer cordura donde sólo brillaba lo mediático, el pan y circo. Vamos, para salvar el país de tanto memo.

Quizás por todo eso a los españoles no nos gusta que nos impongan candidatos segundones, o escondidos detrás del poder, ni blanditos fofós, ni más de lo mismo. Todavía opinamos que el poder pertenece al pueblo que paga sus impuestos y sostiene este entramado pero, hasta que no exista democracia verdadera a la hora de elegir candidatos, todo el sistema se asemejará al de Iznogoud el visir. Qué punta no sacaría del tema Tabary el próximo 20-N. Rajoy y Rubalcaba se parecen a Iznogoud, pues ambos fueron visires a la sombra del califa. Vista la situación una se pregunta, ¿Aznar y Zapatero son nuestros Harún el Pussah locales? Miedo me da la respuesta…

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