Diario de León
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ANTONIO PAPELL
León

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Ha caído como una bomba sobre el PP la noticia de que Álvarez Cascos tiene la intención de que su formación política —el Foro Asturias— concurra a las elecciones generales no solo por Asturias sino también por Madrid. Según quienes conocen bien al personaje, Cascos es un mal enemigo, aunque también arrastra cierta fama de noble y bonachón. Y desde estas premisas psicológicas, no resulta fácil adivinar cuál es el verdadero propósito del flamante presidente asturiano al seguir hurgando en la herida, es decir, al seguir metiendo el dedo en el ojo de su antiguo partido, del que fue nada menos que secretario general en los días gloriosos en que el PP, de la mano de Aznar, tocaba por primera vez el poder en el Estado.

Cascos, ninguneado por Rajoy en Asturias, consiguió 16 escaños regionales frente a 15 del PSOE (que ganó en número de votos) y apenas 10 del PP. Haciendo una traslación, por el efecto Cascos el PP puede perder en Asturias 2 o 3 diputados que ahora tiene. En Madrid, cada escaño costó en las pasadas elecciones generales más de 131.000 votos, por lo que no tendría fácil Foro conseguir alguno a menos que Álvarez Cascos hiciese campaña personal para capitalizar la oposición interna a Rajoy, que también la hay.

No deja de ser llamativo que, en medio del silencio conservador que ha sido la tónica en torno a la noticia del aterrizaje madrileño de Álvarez Cascos, Esperanza Aguirre propugnase este jueves una unión «cuanto antes mejor» entre el PP y el partido que lidera el presidente del Principado de Asturias. A su vuelta de las vacaciones, en la rueda de prensa posterior al primer Consejo de Gobierno de la temporada, Aguirre ha recordado que en mayo de 2010 ya señaló que, al no haber candidato claro en Asturias, ella manifestó su opinión de que Cascos era el mejor. Sin embargo, el 30 de diciembre, el Comité Electoral decidió otra cosa y Cascos se presentó finalmente por un partido independiente.

Es claro que existe, si no una concertación, sí una sintonía entre Aguirre y Cascos. Lo más probable es que, de momento, el objetivo de la amenaza casquista de presentarse en Madrid, y quién sabe si en cualquier otra parte, no sea otro que reingresar con todos los honores en el PP. Rajoy ya no tiene por otra parte nada que temer porque con toda probabilidad en unas pocas semanas será elegido presidente del Gobierno. Lo lógico sería que Cascos y Rajoy sellaran la paz, lo que reforzaría indirectamente a Aguirre, quien a buen seguro aprovecharía la ocasión para reclamar un lugar eminente en el próximo gobierno del Estado. Algo que puede no gustar en absoluto a Cospedal ni a Sáenz de Santamaría, que tienen hechas otras previsiones.

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